Fuera de Hong Kong nunca se había prestado mucha atención a las elecciones del consejo de distrito, una especie de comicios vecinales, hasta que en 2019 en las urnas arrasaron los candidatos del bando prodemocracia, los mismos que llevaban cinco meses abanderando unas ruidosas protestas que pedían mayores libertades y sufragio universal. Hubo una participación histórica, por encima del 70%.

Desde Pekín interpretaron los resultados como un desafío histórico a su soberanía en la ex colonia británica. Por ello, después de barrer las manifestaciones de la calle, el siguiente paso fue cambiar las reglas del sistema electoral para que sólo los ‘patriotas’ pudieran ocupar un asiento en las instituciones.

Este domingo, Hong Kong tenía una cita de nuevo con las urnas. Como hace cuatro años, tocaban elecciones para los 18 consejos de distrito que abraza la metrópolis. Pero lo único interesante, con los partidos pro democracia descalificados tras la reforma electoral de 2021, era saber hasta donde llegaba el nivel de desafección de los hongkoneses después de que el Gobierno chino borrara gran parte de la autonomía de la que gozaba la ciudad.

Al cierre de la edición, la participación era la más baja en unos comicios desde que la ex colonia británica regresara a dominio chino en 1997 bajo las condiciones de mantener durante 50 años un sistema semiautonómico con el fracasado experimento de ‘Un país, dos sistemas’, del que ahora sólo queda el nombre.

Las autoridades locales intentaron empujar a la gente a la calle, y de paso que fueran a votar. Los museos eran gratuitos, se celebraron conciertos y hubo espectáculos de drones por varios puntos de la ciudad. Incluso la aerolínea Cathay Pacific ofrecía grandes descuentos en los vuelos para que pudieran volver los hongkoneses que viven fuera. Pero no había atractivo en unas elecciones nada plurales.

Hay una razón básica por la que era imposible de repetir los resultados de hace cuatro años, cuando los partidos prodemocracia se llevaron 242 de los 300 escaños disponibles: a las elecciones en Hong Kong ahora sólo se pueden presentar los patriotas.

Así lo expresó el domingo el propio jefe del Ejecutivo local, John Lee. «Es la última pieza del rompecabezas para que implementemos los principios de los ‘patriotas’ que gobiernan Hong Kong», dijo el líder mientras votaba, añadiendo que las anteriores elecciones de 2019 fueron utilizadas para «sabotear la gobernanza y poner en peligro la seguridad nacional».

Durante la jornada electoral había más de 10.000 policías desplegados y se produjeron algunas detenciones. Tres políticos de la Liga de Socialdemócratas, uno de los partidos vetados, fueron arrestados después de que anunciaran su intención de realizar una protesta frente a un colegio electoral. Un par de días antes, según los medios locales, un hombre de 77 años fue detenido bajo sospecha de sedición por «un plan para protestar contra las elecciones».

Hong Kong nunca ha llegado a ser una región que gozara de plena democracia. Antes del terremoto de las protestas, al jefe del Ejecutivo local lo nombraba directamente Pekín y solo se votaba por sufragio directo a la mitad de la cámara. Pero hasta la reforma electoral, se toleraba que los críticos ocuparan asientos en un Parlamento plural en el que, aunque nunca fueron mayoría, sí que podían opinar y participar en las votaciones de los proyectos.

Según la reforma electoral de 2021, todos los candidatos, para poder presentarse, deben que pasar el filtro de un comité elegido por Pekín. Ese comité tiene que garantizar que la ciudad está gobernada por ‘patriotas’. Por ello, los pocos líderes de la oposición que permanecen en la ciudad -unos cuantos están en prisión y otros en el exilio- se han quedado fuera.

Todo cambió tras las protestas a favor de la democracia en 2019, que empezaron con unas marchas pacíficas contra un proyecto de ley que permitía la extradición de fugitivos a China continental. Los manifestantes consiguieron que la entonces jefa del Ejecutivo, Carrie Lam, tumbara la ley. Pero no era suficiente porque los en las calles ya habían abrazado otras demandas que no iban a soltar, como tener un completo sufragio universal para que el pueblo pueda elegir también el jefe del Gobierno.

La pandemia dejó las calles vacías y Pekín lo aprovechó para cocinar una ley de seguridad nacional por la que cualquier acto de protesta, o que las autoridades consideren una proclama independentista o subversiva, pueda considerarse sedición y la máxima pena es de cadena perpetua. Lo que vino después fue la detención de cientos de activistas que encabezaron las protestas de 2019 y la dimisión en bloque de todos los diputados opositores a Pekín, muchos de los cuales están siendo juzgados por subversión.