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Cinco familiares de Rocío San Miguel, figura relevante de la sociedad civil venezolana detenida ilegalmente el pasado viernes, se encuentran también en paradero desconocido tras ser capturados por agentes revolucionarios. Entre ellos destaca Miranda San Miguel, hija de la reconocida activista de derechos humanos, que como su madre dispone de nacionalidad española y que además vive en Madrid.

Miranda, que disfrutaba de unas vacaciones en Venezuela tras graduarse de Periodismo en Europa, acompañaba a su madre el viernes cuando fue capturada por agentes de la Dirección General de la Contrainteligencia Militar (DGCIM) en el aeropuerto internacional de Maiquetía. En aquel momento, la joven quedó libre y regresó a su hogar.

Según ha relatado una de sus familiares al periodista venezolano César Miguel Rondón, a Miranda la llamaron el sábado para que acudiera al aeropuerto a recoger sus maletas. Nada más se sabe desde entonces de ella, aunque otra de sus tías consiguió verla de lejos en las dependencias aeroportuarias de este cuerpo militar. «Estaba llorando», relató su tía.

Minutos más tarde quien cayó en la trampa de los agentes fue su padre, Víctor Díaz Paruta, coronel retirado de la Fuerza Aérea, quien acudió al aeropuerto a recoger a su hija. Separado desde hace más de una década de San Miguel, ambos mantienen una relación muy distante.

El relato familiar es aterrador. Una de las tías de Miranda permaneció dos horas frente a su interrogador en un pequeño cuarto a oscuras. Durante ese tiempo fue interrogada una y otra vez sobre presuntos cómplices de quien fuera su cuñada, con la que no guarda ningún lazo.

Después de la desaparición forzada de padre y hija, quienes fueron detenidos son Miguel Ángel y Alberto San Miguel, hermanos de la presidenta de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional. Les fueron a buscar a su casa, donde también quedó detenido otro familiar, Alejandro González Canales.

«Exigimos la liberación inmediata e incondicional de Rocío San Miguel y su familia, detenidos de forma arbitraria en Venezuela», alertó ayer Agnes Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional (AI).

Naciones Unidas ha denunciado en reiteradas ocasiones el patrón que sigue la revolución en contra de las familiares de presos, especialmente los militares, que son hostigados, perseguidos e incluso encarcelados. Varios casos emblemáticos jalonan los informes de las organizaciones de derechos humanos. A esta práctica se la denomina sippenhaft, que ya usaban los nazis para extender a los familiares el castigo que imponían a los «enemigos» del régimen.