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Uno de los procesos más llamativos en la política francesa del último año tiene que ver la percepción de los líderes de sus extremos: Marine Le Pen (Reagrupamiento Nacional) y Jean-Luc Mélenchon (La Francia Insumisa): Francia tolera cada vez más a la primera, cuyo discurso hasta ahora se miraba con recelo, y consiente menos al segundo, cuya posiciones empiezan a considerarse más peligrosas.

Los papeles se han invertido y, por primera vez, hay más franceses que piensan que Marine Le Pen no es un peligro para la democracia que los que lo piensan. Según una encuesta publicada por Le Monde y FranceInfo, un 45% cree que no representa un peligro, frente al 41% que opina que lo sigue siendo.

En 2002, cuando el partido lo lideraba su padre, Jean Marie Le Pen, el porcentaje era de 70-26. El 43% ya lo ve como un partido capaz de gobernar. Al contrario, hay un 49% de ciudadanos que opina que Mélenchon sí entraña un riesgo para la democracia. El giro es importante, pues en las elecciones presidenciales de 2022, él estuvo a punto de adelantar a Le Pen y pasar a la segunda votación (Francia vota en dos vueltas).

El partido de extrema derecha avanza hacia esa normalización de su discurso y el escudo republicano (la alianza del resto de partidos que hasta ahora ha hecho de cortafuegos para evitar el triunfo de Le Pen en las últimas presidenciales), se va difuminando. «La porosidad entre los votantes del partido de Los Republicanos y Reagrupamiento Nacional se confirma y este partido es visto como el único capaz de encarnar una oposición a Macron, también entre los simpatizantes de izquierdas», señala en Le Monde Eddy Vautrin-Dumaine, director de estudios del Instituto Verian, encargado de la encuesta.

El proceso de desdiabolización de Le Pen y su partido comenzó hace años pero se ha intensificado este último. La coyuntura le ha favorecido, pues ha puesto sobre la mesa los temas centrales de la formación: inmigración e inseguridad. Primero fueron la movilización contra la reforma de las pensiones, donde Le Pen se mantuvo relativamente al margen. Después, los fuertes disturbios de junio, que arrancaron en las barriadas de Francia tras la muerte de un joven por el tiro de un policía.

Este otoño han sido los dos últimos atentados, en octubre y el pasado sábado, protagonizados por islamistas y en los que han muerto dos personas.

Le Pen se ha beneficiado de la actualidad pero también del proceso inverso al suyo, el de diabolización de Mélenchon. Ella ha mantenido un perfil bajo en algunas cuestiones, mientras que el líder insumiso no ha dejado de hacer ruido, sobre todo en las redes sociales. Su actitud ha ido agrietando la alianza que los partidos de izquierdas formaban en la Asamblea (la Nupes) y donde La Francia Insumisa era líder.

Cada vez que Mélenchon se pronuncia genera reacciones furibundas. Hace unos días el presidente del Senado, Gérard Larcher, le mandó callar en un programa de radio, de una manera menos elegante, tras sus ataques a una periodista, a la que llamó manipuladora y fanática. «Le Pen se beneficia de la atmósfera a favor, pero también de la actitud de Mélenchon» y de su estrategia del «ruido y la rabia», asegura Eddy Vautrin-Dumaine.

El clímax de esta inversión de papeles (la normalización del lepenismo y la diabolización del melenchonismo) ha sido la reacción tras los atentados de Hamas el pasado 7 de octubre, y la posterior reacción israelí. Le Pen y su partido se han solidarizado con la comunidad judía y han criticado las agresiones antisemitas, mientras que Mélenchon se negó a condenar los ataques de Hamas.

Antisemitismo

Fue el único que no participó en la manifestación contra el antisemitismo que se celebró hace varias semanas en varias ciudades francesas. A esta marcha sí acudieron, a pesar de las críticas del resto de partidos, Le Pen y el presidente del partido, Jordan Bardella. No hay que olvidar que Jean Marie Le Pen, padre de Marine Le Pen y fundador de Frente Nacional (ella le cambió el nombre, para desmarcarse), fue condenado por antisemitismo.

Aquel día, a pesar de que era una marcha antisemita, al partido se le coló un hastag en las redes sociales: «marcha antiislamista». Francia tiene la mayor comunidad judía de Europa pero también la mayor musulmana. En su discurso contra el islam Le Pen se mantiene firme: tras el ataque el pasado sábado en el que murió asesinado un turista cerca de la Torre Eiffel, ha culpado al Gobierno «del ascenso al poder desde hace años de una ideología islamista» en el país.

La justicia francesa decidió este viernes juzgar en 2024 a la líder ultraderechista Marine Le Pen, su partido Agrupación Nacional (RN) y otras 26 personas más por supuestamente malversar fondos públicos europeos entre 2004 y 2016, indicó la fiscalía. Los magistrados sospechan que RN puso en marcha de «forma concertada y deliberada» un «sistema de malversación» de los 21.000 euros (22.500 dólares) al mes con los que cuenta cada eurodiputado para pagar a sus asistentes parlamentarios.