- entrevista Frank-Walter Steinmeier, presidente alemán: “El ataque ruso a Ucrania es también un ataque a nuestro modo de vida europeo”
El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, ha calificado la guerra contra Irán de contraria al derecho internacional, con un lenguaje inusualmente fuerte en Berlín, considerando que Estados Unidos e Israel están implicados, violando la cautela que el Gobierno ha mantenido hasta ahora.
Durante su discurso con motivo del 75º aniversario del restablecimiento del Ministerio de Asuntos Exteriores en Berlín, afirmó: «Nuestra política exterior no sería más convincente si no calificáramos de violación del derecho internacional una violación del derecho internacional». «Esta guerra va contra el derecho internacional, de eso no hay duda»..
No fue ni una referencia secundaria ni una redacción ambigua. Steinmeier no dejó lugar a matices. Cerró el marco desde el principio, y lo hizo también en un marco lleno de significado: frente al cuerpo diplomático y desde la institución en la que él mismo se formó políticamente. Era más que un simple mensaje hacia el exterior, también era una señal hacia el interior.
Añadió: «La justificación basada en un ataque inminente… no tiene fundamento», cuestionando directamente las justificaciones del ataque. Fue más allá al deconstruir el argumento estratégico básico: si el objetivo era detener el programa nuclear de Irán, entonces la guerra sería el resultado de un error político grave y evitable. «Nunca estuvimos lejos de que Irán tuviera armas nucleares».Se refirió al acuerdo internacional alcanzado en 2015.
En ese momento, dirigió críticas directas a Washington. Steinmeier dijo que el presidente estadounidense Donald Trump “descarriló este acuerdo” al abandonarlo durante su primer mandato, y “en su segundo mandato, ahora está librando la guerra”, trazando una línea de continuidad entre las dos decisiones.
Al mismo tiempo, esta fórmula genera una clara tensión en Berlín. Mientras el presidente fija este marco regulatorio, el gobierno de Friedrich Merz ha evitado hasta ahora calificar de legal la operación y ha insistido en que no es «nuestra guerra». No hay ruptura, pero sí diferencia de registro: Steinmeier perfila el terreno; El poder ejecutivo calibra los costos.
El discurso luego se trasladó a Rusia, donde el idioma dejó de ser legal y se volvió estratégico. «La guerra agresiva de Rusia contra Ucrania ha violado fundamentalmente los principios del sistema de seguridad europeo», afirmó, antes de resumir el resultado en una frase que sirve de cierre de la sesión: «Hoy, Europa debe organizar su seguridad contra Rusia, no con ella”..
En lugar de anunciar un cambio, Steinmeier enmarcó un cambio que ya se había asumido desde la invasión rusa de Ucrania. Su admisión de que este esfuerzo ha durado “demasiado tiempo” constituye una autocrítica reflexiva, que es suficiente para legitimar la transformación sin reabrir el pasado.
A partir de aquí, el presidente amplió el marco y formuló su diagnóstico central: «Estoy hablando de una doble ruptura de época».. Dijo que el primero ocurrió el 24 de febrero de 2022, con la invasión rusa de Ucrania. El segundo no es comparable en términos militares, pero sí en sus consecuencias estratégicas: el regreso de Trump a la Casa Blanca.
«No podremos volver a esta estrecha relación de confianza con Estados Unidos como era antes de que llegara al poder», advirtió, destacando el impacto estructural en la política exterior alemana. Aunque evitó equiparar los dos momentos, dejó claro que cada uno representaba un cambio profundo en el entorno internacional en el que operaba Europa.
En este contexto, Steinmeier también señaló una debilidad menos obvia, pero más estructural: la dependencia europea. “En el ámbito tecnológico, la dependencia de Estados Unidos se ha vuelto mayor”, afirmó, advirtiendo que esa superioridad no sólo se traduce en poder externo, sino también en la capacidad de influir en la política interna a través de plataformas digitales.
Ante este escenario, defendió la necesidad de fortalecer la autonomía europea. «Lograr la soberanía europea en el ámbito de la defensa y la tecnología es un proyecto generacional», afirmó, antes de subrayar la urgencia: «La magnitud de la tarea ya no puede ser motivo de retraso».
El discurso, largo y notablemente político, fue más que una simple intervención conmemorativa. Desde el corazón de la diplomacia alemana, Steinmeier no anunció un cambio inmediato, sino algo más sutil: empezó a redefinir el lenguaje con el que Berlín se posiciona en un entorno internacional cada vez más inestable.
En este espacio cada vez más estrecho, Alemania intenta mantener dos exigencias que no siempre coinciden: la coherencia de sus principios y la gestión de sus dependencias.












