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Al día siguiente del discurso del líder del grupo chií Hizbulá, Hassan Nasralá, sobre su papel cada vez más activo en el «frente de apoyo» a Hamas, misiles y proyectiles disparados desde el sur del Líbano hirieron a 20 civiles y soldados en el norte de Israel. La Fuerza Aérea israelí respondió atacando objetivos de la milicia proiraní en la jornada más tensa en esta frontera desde el inicio de la guerra en la Franja de Gaza.

Hizbulá asumió la autoría del disparo del misil antitanque que causó heridas graves a seis ciudadanos en la Alta Galilea y aclaró que el objetivo era un vehículo de una fuerza logística del Ejército israelí que iba a instalar un dispositivo de vigilancia cerca de la frontera. Se trataba, sin embargo, de empleados de la compañía eléctrica nacional que acudieron a la comunidad de Dovev para reparar líneas de electricidad destruidas por ataques anteriores desde el vecino Líbano.

La reacción automática israelí consistió en artillería contra el origen del lanzamiento en la zona libanesa y la neutralización de varios comandos. Por la tarde, las sirenas al norte del perímetro de la ciudad de Haifa sonaron por primera vez en la crisis. La Cúpula de Hierro interceptó varios proyectiles reivindicados por células de Hamas en el sur del Líbano. Al mismo tiempo, siete soldados y varios civiles fueron heridos en otras zonas en Israel.

Desde el ataque yihadista del pasado 7 de octubre y la posterior ofensiva militar israelí, Nasralá ha mostrado con palabras, drones y misiles su solidaridad con su hermano palestino suní en la familia chií encabezada por Irán. Pero si el apoyo retórico es total elogiando la infiltración terrorista en el sur de Israel, a nivel armado se trata de una asistencia gradual para obligar al enemigo a enviar soldados a la frontera norte -y no concentrarse solo ante Gaza- y a evacuar ciudadanos. Pese a las presiones de Hamas y Yihad Islámica que esperaban más, Hizbulá no ha cruzado aún la línea que puede llevar a Israel a ampliar sus represalias de tal forma que las dos partes reediten la guerra de 2006 que duró 34 días.

El Ejército israelí ha aprovechado los ataques de Hizbulá para neutralizar no solo comandos de proyectiles y francotiradores (matando a 73 combatientes según este grupo frente a seis militares) sino decenas de posiciones desplegadas en la frontera. En Israel, hay cada vez más voces que exigen no desperdiciar la coyuntura para golpear de forma masiva al grupo de Nasralá.

«La guerra contra Hamas no puede acabar sin que se elimine la amenaza terrorista en la Franja de Gaza, pero tampoco en el sur del Líbano. Las decenas de miles de israelíes evacuados no volverán a sus casas si miles de terroristas de Hizbulá siguen al otro lado de la frontera«, advierte el ex ministro de Defensa, Avigdor Lieberman, que critica al primer ministro Benjamin Netanyahu y organismos de seguridad por intentar en los últimos años «comprar calma en Gaza a cambio de dinero qatarí».

Hace un mes, EEUU pidió a Israel no lanzar una gran operación preventiva contra la milicia libanesa -la principal de Irán- para no convertir el enfrentamiento en Gaza en guerra regional. Su exigencia llegó después de que el liderazgo israelí se lo plantease para evitar que la Unidad Radwan de Hizbulá haga en sus comunidades del norte lo mismo que hizo la Unidad Nukba de Hamas en las del sur. De hecho, en los últimos años fue el escenario más temido en el Ejército. Con más de 150.000 proyectiles, Hizbulá es un duro enemigo para Israel en tiempos normales y aún más cuando está inmerso en una guerra en Gaza y frentes abiertos desde Siria, Cisjordania e incluso Yemen.

Israel avisa a Nasralá que «no haga el error de 2006 cuando atacó, inició la guerra y luego se arrepintió» y al Líbano que le presione si no quiere correr el mismo destino trágico que la Franja de Gaza. En 37 días de guerra, la Fuerza Aérea israelí ha golpeado duramente al brazo armado de Hamas, al tiempo que ha causado una destrucción sin precedentes en la Franja de Gaza. Alrededor de 41.000 casas han sido destruidas por las bombas israelíes, según la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitario, que alerta que más de la mitad de los hospitales dejaron de funcionar. La Media Luna Roja palestina indica que el fin del combustible ha dejado fuera de servicio el Hospital Al Quds.

Mientras los soldados israelíes siguen avanzando y tomando posiciones y bastiones de Hamas, incluyendo en Shati en el norte de Gaza, la atención del enfrentamiento a gran escala seguía centrada en torno a tres hospitales rodeados por el Ejército que pide su evacuación al denunciar que en su subsuelo se encuentran «infraestructuras terroristas y centros de mando» de las Brigadas Ezzedin Al Qassam.

Por primera vez desde el inicio de la guerra, soldados israelíes colocaron 300 litros de combustible en la entrada del Hospital Shifa «para fines médicos urgentes». Israel acusó a Hamas de evitar a través de su Ministerio de Sanidad que el centro sanitario lo recibiera y comunicó que permite y protege la salida de civiles de los hospitales Shifa, Rantisi y Nasser.

«Alguien contactó al director y le dijo que tenían 200 litros de combustible. Estos 200 litros dan menos de una hora para hacer funcionar el generador… Esto es una burla hacia los pacientes y los niños», reaccionó el portavoz del Ministerio de Salud de Gaza, Ashraf Al-Qidra. En declaraciones a Reuters dijo que el fuego israelí no había alcanzado directamente el Hospital Shifa durante la noche, pero que estaba «aterrorizando a los funcionarios médicos y a los civiles por igual».

Los combates entre soldados y milicianos siguieron este domingo en la zona del mayor hospital de Gaza, elevando el temor por los miles de civiles atrapados mientras los heridos carecen de los cuidados necesarios por la falta de suministros. El responsable de los hospitales en Gaza definió la situación en Shifa como «catastrófica».

Mientras agencias de la ONU denuncian el asedio de centros sanitarios de Gaza y exigen un alto el fuego ante la crisis humanitaria, Hamas mantiene que Israel atacó el Hospital Shifa, asegurando que por ello suspenderá las negociaciones sobre los secuestrados. Pese a ello, las gestiones lideradas por Estados Unidos, Qatar y Egipto siguen su curso bajo un mar de filtraciones. El acuerdo incluiría la liberación de entre 50 a 100 rehenes, incluyendo niños, mujeres y ancianos, de los 239 en manos de Hamas y Yihad Islámica. A cambio, Israel aceptaría una tregua de 3 a 5 días, el ingreso de combustible en Gaza y la liberación de mujeres y menores en la cárcel israelí.