• Perfil Javier Milei, el ultraliberal que promete poner patas arriba a Argentina y llevar a mínimos el vínculo con España
  • Argentina El desafío de Javier Milei, nuevo presidente de Argentina: devolver el rumbo al que fue un gran país

De la televisión a la Casa Rosada en menos de tres años: Javier Milei ganó este domingo las elecciones presidenciales en Argentina y liderará a partir del 10 de diciembre la tercera economía de América Latina, que se lanza así a un experimento político y económico sin precedentes.

El ultraliberal populista se impuso al peronista Sergio Massa, que antes de que se conocieran los resultados aceptó la contundente derrota, 55,79% contra 44,20% escrutados el 94,70% de los votos.

«Me he comunicado con Javier Milei para felicitarlo, porque es el presidente de los argentinos por los próximos cuatro años», dijo Massa en un acto ante sus partidarios.

«Le hemos planteado al presidente electo y al presidente de la Nación la responsabilidad de poner en marcha mañana mismo mecanismos de transición y enlaces democráticos para que los argentinos no tengan la más mínima duda en los próximos 19 días», añadió el aún ministro de Economía.

Massa dio así una noticia con un impacto político de proyección mundial. Su discurso fue seguido con expectación en el búnker de Milei, donde ya había clima de festejos desde hacía un buen rato. En cuanto Massa aceptó la derrota, la euforia fue total.

«¡Viva la libertad, carajo!», fue el grito que unió a jóvenes muy jóvenes y adultos ya muy entrados en años, mientras otros saltaban cantando «¡Peluca (el apodo de Milei) presidente!».

Fernández recogió el pedido público de Massa, que no quiere que este martes, tras el festivo del lunes, la economía se le descontrole en forma de devaluación del peso.

«Soy un hombre de la democracia, y nada valoro más que el veredicto popular. Confío en que mañana mismo podamos empezar a trabajar con Javier Milei para garantizar una transición ordenada», escribió el presidente en la red social X.

También se manifestó Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, el gran socio político y comercial de Argentina, al que Milei cuestiona por «socialista» o «comunista», según el momento.

«Deseo suerte y éxito al nuevo gobierno. Argentina es un gran país y merece todo nuestro respeto. Brasil estará siempre disponible para trabajar junto a nuestros hermanos y hermanas argentinos», escribió el veterano líder de izquierdas.

Con su proyecto de instaurar el dólar estadounidense como moneda y cerrar el Banco Central, los planes de Milei tienen connotaciones extremas que habilitan a preguntarse si se está ante el sucesor del ex presidente norteamericano Donald Trump y del ex brasileño Jair Bolsonaro. Eduardo, uno de los hijos de Bolsonaro, subió a sus redes sociales, horas antes de conocerse el resultado, un dibujo que mostraba a los tres juntos y sonrientes: Trump, Bolsonaro y Milei.

Aunque en las últimas semanas Milei enfatizó que mantendrá la educación y la sanidad públicas, además de que no impulsará un mercado de venta libre de armas y órganos humanos, sus antecedentes son explosivos: ha prometido terminar con la «casta política» y reducir al mínimo el Estado. Esto, en un país con gran tradición de intervencionismo económico, genera enormes resistencias en muchas de las corporaciones, tanto la sindical como la empresarial.

Milei no sabe hacer política, porque no es un político, Cuando se le pregunta por sus planes, difícilmente los oculta. Eso, en un país con 143% de inflación anual y 43% de pobreza, puede ser un defecto o una virtud: la sinceridad acerca del «ajuste muy fuerte» que hará en la economía podría generar resistencias anticipadas y complicar su gobierno. O, por el contrario, podría sumarle credibilidad entre una ciudadanía agotada de promesas incumplidas y relatos políticos que ignoran la realidad.

La Libertad Avanza (LLA), el partido de Milei, no existía hace tres años. No es, de hecho, un partido político al uso, solo un pequeño grupo de gente que, unida en torno al líder, propugna ideas liberales que nunca tuvieron eco en el país, pero que en estos últimos años ganaron impulso entre los jóvenes y también entre las clases medias. Es la primera vez que un economista llega a la presidencia de Argentina.

La definición electoral de este domingo fue el punto final a un agotador proceso político que se inició con las primarias del 13 de agosto y continuó con las generales del 22 de octubre. Si en las primarias sorprendió Milei ganando con el 30% y relegando a la aparente favorita, la social-liberal Patricia Bullrich, de Juntos por el Cambio, en octubre el que ganó inesperadamente fue Massa, superando a Milei y dejando a Bullrich fuera de la segunda vuelta.

Es la primera vez en la actual etapa democrática argentina, que cumple ya 40 años, que el peronismo y el radicalismo, los dos grandes partidos de la historia del país, quedan fuera del gobierno. La victoria de Milei sobre la máquina electoral más poderosa de Argentina, el peronismo, será un caso de estudio de la ciencia política.

A la elección se llegó en un clima de tensión. En 1908, el Teatro Colón fue inaugurado con Aída, de Giuseppe Verdi. En 2023, desde el foso de la orquesta, un violinista comenzó a tocar en ese mismo Teatro Colón los acordes de la Marcha Peronista. Mucho cambió la Argentina en 115 años, pero nadie esperaba semejante disrupción en uno de los grandes templos líricos del mundo. Sucedió el viernes en la noche, cuando el Colon se dividió entre el apoyo y los abucheos a Milei, que había acudido a la función de «Madame Butterfly». Nunca antes había sucedido algo así, nunca antes la política había entrado en escena de esa manera allí.

Horas después del escándalo del Colón, las autoridades confirmaron la detención de cinco personas por serias amenazas en las redes sociales a Massa y su familia.

Con esos precedentes, no pocos argentinos temían que este domingo algunas cosas se descontrolasen. No fue el caso: el sistema electoral argentino volvió a mostrar su solidez, y las especulaciones acerca de fraude que echó a rodar en los últimos días LLA se demostraron infundadas.

La mayor tensión se generó quizás con el voto de Victoria Villarruel, que será vicepresidenta de Milei. Fue a partir de la presencia de manifestantes, varios de ellos familiares de desaparecidos durante la dictadura que rigió el país entre 1976 y 1983. Le echaban en cara a Villarruel, a la que tildan de «negacionista», el justificar aquella dictadura e ignorar el drama de los desaparecidos.

«Hoy es el día de la democracia, cualquier otro reclamo está fuera de lugar. Lamento que se perturbe la tranquilidad de los vecinos. El pueblo argentino, el ciudadano común, se anotó para fiscalizar en todo el país. Nosotros, a diferencia de la casta política, respetamos la democracia. Es la primera vez que la hija de un veterano de (la guerra de las) Malvinas, de un militar, llega a ser vicepresidente. No se que es lo que les molesta a ellos, que han tenido hijos de terroristas y terroristas con puestos de gobierno».

«A los que les molesta que la democracia nos incluya a todos es a los violentos. Y hacer pintadas en medio de un jardín de infantes sobre los 30.000 (desaparecidos) es como ir a un cementerio y pintar al Oso Barney, más desubicados no pueden estar», concluyó Villarruel, en unas declaraciones que levantaron polvareda en las redes sociales.

Milei tiene apenas tres semanas para armar su gobierno y elegir quiénes lo acompañarán. Todo un desafío para un hombre sin experiencia política, destacó el analista Jorge Liotti: «Las elecciones tienen un efecto revelador en esta Argentina en tinieblas. De pronto se levanta el telón y emerge un presidente que hasta ahora fue difícil identificar, que en 20 días debe articular un equipo, un discurso y un plan de acción».