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María Corina Machado, convertida en un fenómeno político sin precedentes, ha presentado una ambiciosa hoja de ruta para enfrentar a la revolución bolivariana. Los resultados definitivos de las primarias, que le otorgan 2.253.825 votos, el 92,35% de los emitidos, no sólo la han confirmado como abanderada democrática de cara a las presidenciales del año que viene, también le han otorgado el aval del pueblo antichavista para dirigir a la oposición, cuyos partidos tradicionales fueron derrotados sin paliativos.

«Soy la candidata de los venezolanos, de los que votaron y de los que no lo hicieron por miedo. Recibí un mandato nítido e inequívoco para luchar sin descanso contra Maduro», subrayó la candidata inhabilitada de forma ilegal e inconstitucional por el chavismo con el objetivo de que no pueda derrotar en las urnas al «hijo de Chávez», a quien en las encuestas aventaja en más de 40%. Pero Machado lo tiene claro: «Quiero que los venezolanos tengan una certeza, nuestra participación en las elecciones de 2024 es un hecho».

Parecía imposible, pero ha vuelto a pasar. Los venezolanos, que parecían entregados ante los desmanes de la dictadura y el proceso de normalización implantada por sus aliados internacionales, han vuelto a levantar su voz para pedir libertad, como ya lo hicieron con las protestas de 2014 y 2017, con la victoria parlamentaria de 2015 y con el desafío de la presidencia encargada de Juan Guaidó y la comunidad internacional de 2019.

«Hoy se vive una autocracia cerrada, no un mal gobierno, no una autocracia competitiva, como ocurría en 2012 cuando se hizo la última primaria opositora. Una autocracia que se mantiene bajo tres premisas: una crisis humanitaria diseñada desde el poder para mantener controlada a la sociedad, una diáspora histórica y la violación de derechos humanos como principal política de Estado. Aun así, 2.5 millones salieron a votar en un proceso democrático, transparente y libre, lo que hoy no existe en el país, y lo hicieron casi por aclamación por la persona que plantea una ruta clara: un cambio urgente, democracia, libertad. No concesiones dentro del sistema, no una jaula más grande. No. Un cambio para recuperar la democracia», profundiza para EL MUNDO el politólogo Walter Molina Galdi.

El primer punto del plan de María Corina, que ha crecido en dos millones de apoyos desde las primarias opositoras de 2012 y que también ha superado en 300.000 votos al ganador de entonces, Henrique Capriles, confirma la transformación de candidata a aglutinadora de la voluntad popular con una legitimidad de origen nunca antes vista. Machado pretende levantar una gran alianza, que denomina Gran Acuerdo Nacional, donde quepan todos, no sólo los partidos opositores, también la sociedad civil, los sindicatos, gremios y estudiantes. Las anteriores intentos de construir algo parecido han chocado contra la pared de la realidad, cimentada por los egos, la politiquería y los sobornos desde el poder.

La triunfadora de las primarias también pretende construir desde ya un «aparato para la integridad electoral como nunca antes», en la que ella además ejercería como jefa de campaña. En su primer acercamiento a la política venezolana hace dos décadas, Machado encabezó la organización electoral Súmate.

En principio, Machado ha mostrado generosidad con los perdedores del proceso y con partidos y dirigentes a los que antes enfrentó sin desmayo. «Tenemos que ir construyendo juntos la gobernabilidad democrática para el momento en el que lleguemos a la presidencia de la República», destacó la coordinadora de Vente Venezuela.

El segundo paso de la hoja de ruta es el reacomodo de las negociaciones con el gobierno de Maduro. «Lo que ha ocurrido el domingo lejos de debilitar el proceso de negociación, lo potencia», aseguró Machado, que mantendrá un encuentro formal con Gerardo Blyde, el jefe de la delegación opositora.

«Ha moderado su discurso y propuestas con respecto a la negociación, reconociendo el trabajo de Blyde como jefe negociador. Plantea que la delegación opositora debe ser más representativa de la sociedad venezolana, algo en lo que tiene razón, pero deberá cuidar que los cambios no incrementen la fragmentación en la dirigencia política opositora y otorguen una excusa al gobierno para enfriar la negociación. Su giro más importante es el reconocimiento de que hay que negociar con el gobierno de Maduro, aunque plantea que la oposición debería hacerlo cuando esté en una situación de mayor fortaleza y por ende menor dependencia de la política exterior estadounidense, lo que es difícil que ocurra en el corto plazo», precisa para este periódico Mariano de Alba, asesor senior del Crisis Group.

Los acuerdos parciales de Barbados entre gobierno y oposición posibilitaron que Maduro no prohibiera las primeras gracias a las concesiones otorgadas por el gobierno estadounidense. Eso sí, se incumplieron varios puntos del pacto, ya que el chavismo usó parte de su habitual apartado de represión y hostigamiento para dificultar el voto de los venezolanos, incluido la censura y el silencio informativo en los medios.