• Asia Taiwan elige a Lai Ching-te en las elecciones presidenciales y apoya continuar por el camino de la democracia
  • Perfil Tsai Ing-wen, el legado de la ‘dama del gato de hierro’ de Taiwan

Tras ser los primeros europeos en avistar Taiwan en el siglo XVI mientras atravesaban la ruta comercial que iba desde su colonia de Macao hasta Japón, los portugueses bautizaron a esta isla del tamaño de Extremadura como «ilha formosa» (isla hermosa). Quedaron encandilados por sus exuberante vegetación y espectaculares playas. Los siguientes en arribar fueron holandeses y españoles. Estos últimos, durante el reinado de Felipe IV, ocuparon apenas 16 años una tierra de piratas al norte de la isla. Fueron expulsados por la Compañía de las Indias Orientales.

Más adelante llegaría el colonialismo chino de la dinastía Qing a finales del siglo XVII, la ocupación japonesa en la Segunda Guerra Mundial y por último el aterrizaje forzoso del exiliado gobierno del Kuomingtang, que perdió la guerra civil el Ejército Rojo de Mao Zedong. En 1949, Taiwan se convirtió en una fortaleza anticomunista de la mano del generalísimo Chiang Kai-shek. Fue el comienzo del periodo conocido como «terror blanco», casi cuatro décadas de una sangrienta represión sujetada por una ley marcial.

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Hoy, Chiang tiene una estatua gigante de bronce dentro de un mausoleo en el centro de Taipei. Es una de las grandes contradicciones de una nación que carga con una larga historia de invasiones y dictaduras; que presume de ser una rara avis democrática rodeada de regímenes autoritarios, con el más poderoso de todos ellos, China, amenazando con tomar por la fuerza un territorio que considera suyo.

El sábado, Taiwan eligió en las urnas dar una nueva oportunidad, la tercera consecutiva, a un Gobierno soberanista que promete defender hasta el final el complejo status quo de esta isla autogobernada. Lai Ching-te, del Partido Democrático Progresista (PDP), considerado por Pekín un «alborotador independentista», será el nuevo presidente.

Los taiwaneses han vivido con mucho entusiasmo su fiesta de la democracia. Su sistema democrático, pese a su juventud, es uno de los más sólidos de Asia. Aquí no existe la desafección política que hay en muchas partes de Occidente cada vez que caen unos comicios. Los mítines de los partidos, a los que asisten cientos de miles de personas, se viven como un desenfrenado y colorido festival de música.

«Me llama mucho la atención el amor que los taiwaneses sienten por su sistema democrático», dice

Mar Llera, investigadora y profesora de la Universidad de Sevilla que ha participado en las elecciones como observadora internacional. «Trabajando estos días a pie de calle, no he encontrado a ni un solo taiwanés que defienda la anexión a China. Independientemente de la ideología de cada uno y al partido que vote, nadie quiere perder su sistema de libertades».

La alta política taiwanesa arrastra muchos problemas -corrupción, clientelismo, abuso de poder-, pero ha conseguido convertir sus elecciones presidenciales en un gran espectáculo que atrajo a más de 400 periodistas extranjeros. Una de las grandes bazas con las que cuenta Taipei es con el favor mediático internacional, en parte porque ha estirado en muchas en ocasiones hasta el extremo una propaganda de miedo infundado a un inminente ataque del ejército chino.

Un detalle: tras confirmarse la victoria de Lai el sábado, el nuevo presidente fue directo a la carpa donde estaban los medios internacionales siguiendo el escrutinio. Dio prioridad a una rueda de prensa con traducción simultánea en inglés que a salir delante de las decenas de miles de personas que llevaban horas esperándole delante de la sede de su partido. Eso lo hizo después.

Habrá que esperar hasta mayo para que Lai asuma formalmente un liderazgo que dará continuidad a las políticas de la presidenta Tsai Ing-wen. El ganador de las elecciones rechaza la propuesta de «reunificación» que pregona el régimen chino y ha prometido continuar estrechando lazos con el gran valedor internacional de la isla, Estados Unidos.

Washington, como se molestó en recordar el presidente Joe Biden después de conocerse los resultados electorales en Taipei -en parte como un guiño amistoso a China-, no apoya la independencia de Taiwan, pero está ayudando a la isla a rearmarse y Biden ha dicho cuatro veces desde 2021 que las tropas estadounidenses ayudarían al ejército taiwanés si los chinos atacaran.

Una delegación estadounidense -ex altos cargos de Washington- cogía el domingo un avión hacia Taipei para reunirse con funcionarios estadounidenses. Un viaje que enfurecerá mucho al Gobierno de Xi Jinping, que sorprendió tras las elecciones con una respuesta más suave de lo esperado, mencionando incluso la voluntad para impulsar el diálogo y la cooperación con la isla.

«Taiwan es el Taiwan de China»

Eso sí, en el comunicado, la superpotencia asiática no se olvidó se la habitual retahíla de amenazas: «Taiwan es el Taiwan de China. Las elecciones no alterarán la aspiración compartida de los compatriotas a ambos lados del estrecho de forjar mayores vínculos. Nuestra postura para lograr la reunificación nacional sigue siendo consistente y nuestra determinación es tan firme como una roca». Después de este tipo de mensajes, lo habitual es que el ejército chino despliegue una serie de ejercicios militares alrededor del estrecho.

«La mera existencia de una sociedad china democrática y exitosa en Taiwan es una afrenta y un desafío para Xi Jinping, así como para sus ambiciones políticas y globales. En última instancia, si se le da la oportunidad, Xi destruirá la democracia de Taiwan para eliminar la amenaza inherente a su visión del futuro de China», asegura el escritor estadounidense Michael Schuman, quien lleva tres décadas viviendo entre China y el Sudeste Asiático.

«Se está librando una lucha entre la autocracia y la democracia. Y por el momento, una solución pacífica parece improbable, tal vez incluso imposible», continúa. «Por un lado está un régimen comunista decidido a afirmar su poder en el escenario mundial a medida que aumentan sus dificultades internas; por el otro, está una sociedad democrática vibrante que se ha vuelto segura de su identidad y desesperada por preservar su libertad».

Desde que el PDP llegó al poder con Tsai al frente en 2016, China cortó la mayoría de las comunicaciones con Taipei, aumentando la presión diplomática, económica y militar, convirtiendo el estrecho de Taiwan en uno de los principales focos de tensión geopolítica del mundo.

Pekín además se jacta de haber persuadido en ese tiempo a nueve países de romper su reconocimiento a la soberanía de Taiwan, dejando a la isla con apenas 13 naciones con las que comparte relaciones diplomáticas formales, aunque también es cierto que Taipei ha estrechado lazos estos últimos años con muchas de las grandes democracias liberales, desde Japón hasta Reino Unido.

El sábado, al otro lado del estrecho, en Weibo, el hermano chino de X -antes Twitter-, fue tendencia un hashtag sobre las elecciones de Taiwan, que llegó a tener más de 163 millones de visitas hasta que los censores del ciberespacio chino bloquearon los comentarios. Algunos usuarios exponían sus esperanzas a que Pekín y Taipei retomen el diálogo y estrechen relaciones. Mientras que otros comentarios, compartiendo el tono bélico habitual usado por la propaganda estatal, reclamaban lo antes posible, y por la fuerza, la ansiada «reunificación».