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Las primeras rondas de sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania llegaron con anuncios sonoros, muestras de unidad, trompetas y celebraciones. Las siguientes, con orgulloso, satisfacción y más promesas. Pero las últimas, cada vez más complicadas, cada vez más difíciles, cada vez más concretas, son otra cosa. Se negocian y resuelven de forma mucho más discreta, casi incómoda. Y salen adelante con menos cobertura, repercusión, atención.

Las decisiones se siguen tomando, los mecanismos se van ajustando y perfilando, pero la fatiga que se ve en el campo de batalla, en las cancillerías, en los propios de comunicación, tiene también su reflejo entre quienes negociar los detalles más técnicos casi dos años después del inicio de la agresión.

Este lunes, los 27 han dado luz verde, por fin, al 12º paquete de sanciones a Moscú, una negociación que se intentó concluir la semana pasada pero no fue posible, que recibió el respaldo político de los líderes en el Consejo Europeo del jueves, y que ha sido finiquitada ahora por procedimiento de silencio, es decir, sin que nadie, ni la Hungría de Viktor Orban, se oponga formalmente.

En concreto, este paquete incluye listas adicionales de particulares y empresas que pasan a engrosar las ya existentes, así como nuevas prohibiciones de importación y exportación, tales como la de traer diamantes rusos a Europa, algo que Bélgica llevaba dos años luchando para impedir.

Además, el paquete «endurece la aplicación de la limitación de los precios del petróleo mediante una vigilancia más estrecha del modo en que los petroleros pueden servir para eludir el límite máximo. También contempla obligaciones más estrictas en materia de inmovilización de activos y duras medidas contra las empresas de terceros países que eludan las sanciones», dice la Comisión Europea.

«La Unión Europea está decidida a debilitar aún más la capacidad de Rusia para librar su guerra de agresión, reforzando aún más sus sanciones y mediante su aplicación plena y efectiva y la prevención de su elusión, especialmente en el caso de mercancías de alto riesgo, en estrecha cooperación con socios y aliados», decía el documento de conclusiones de la cumbre ratificado por los 27 el jueves por la tarde.

«El Consejo Europeo acoge con satisfacción la adopción del 12º paquete de sanciones. También acoge con satisfacción el acuerdo alcanzado sobre la Directiva sobre la definición de delitos y sanciones por la infracción de medidas restrictivas de la Unión. El Consejo Europeo condena el continuo apoyo militar a la guerra de agresión de Rusia proporcionado por Irán, Bielorrusia y la RPDC. También insta a todos los países a no proporcionar apoyo material ni de otro tipo a la guerra de agresión de Rusia», se podía leer.

Con el visto bueno de los gobiernos, se han añadido más de 140 personas y entidades a esa lista del Servicio de Acción Exterior dirigido por Josep Borrell, lo que implica la inmovilización de activos a como agentes militares y de defensa rusos, incluidas empresas de la industria militar y empresas militares privadas. También se incluyen agentes del sector de las tecnologías de la información y otros agentes económicos importantes.

«Las medidas también se dirigen contra quienes han orquestado las denominadas ‘elecciones’ ilegales recientes en los territorios de Ucrania que Rusia ha ocupado temporalmente, y a los responsables de la ‘reeducación’ forzada de niños ucranianos, así como a agentes que difunden desinformación o propaganda en apoyo de la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania».

Diamantes y energía

La gran mayoría de los gobiernos nacionales han tenido o tienen problemas con las sanciones, porque afectan a sus economías. Hungría sin ir más lejos amenaza a Bulgaria con impedir su llegada a Schengen si no quita las restricciones para que el petróleo ruso pase por su territorio. Y las grandes navieras griegas o maltesas buscaban desesperadamente atajos para sus barcos.

Bélgica tuvo desde el inicio un problema con los diamantes, igual que las empresas italianas de lujo querían exenciones. Ahora, por fin, la UE añade una prohibición a la importación de diamantes no industriales, extraídos, transformados o producidos en Rusia, una medida coordinada a escala internacional por el G7, «cuyo objetivo es privar a Rusia de este importante flujo de ingresos, estimado en 4.000 millones de euros al año«.

Todos los miembros del G7 aplicarán directamente la prohibición de los diamantes exportados de Rusia a más tardar el 1 de enero de 2024. A partir del 1 de marzo entrará en vigor una prohibición de los diamantes rusos pulidos en un tercer país y, a partir del 1 de septiembre, la medida se ampliará de forma que abarque los diamantes, joyas y relojes que contengan diamantes producidos en laboratorios.

En cuanto a la energía, después de que la UE haya reducido en paquetes anteriores la dependencia del gas o el crudo de Moscú, se añaden ahora ciertas disposiciones. Así se endurece la limitación del G7 aplicable a los precios del petróleo mediante la introducción de nuevas medidas dirigidas a vigilar más estrechamente la venta de petroleros a terceros países, con requisitos de certificación más detallados.

«Esto ayudará a hacer frente a la ‘flota en la sombra’ utilizada por Rusia para eludir el límite de precios. A este respecto, la UE mantiene un estrecho diálogo con los socios del G7 para velar por la armonización de nuestras medidas y orientaciones futuras». Igualmente, se añade una nueva prohibición de importación de gas licuado de petróleo (GLP) que afecta a unas importaciones anuales por valor superior a 1.000 millones de euros, con cláusula anterioridad en los contratos existentes por un período máximo de 12 meses.