La escalada bélica forzada por Caracas en su conflicto con Guyana ha conseguido su primera «tregua» gracias a la mediación del presidente brasileño, Lula da Silva, y del primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Joseph Gonsalves. Así lo ha confirmado la Cancillería de Venezuela a través de un comunicado público, en el que muestra «satisfacción, beneplácito y compromiso» para la realización de una «reunión de alto nivel» con funcionarios de Georgetown, que será anunciada en los próximos días.

«Nuestra aspiración es mantener América Latina y el Caribe como una zona de paz, sin interferencia de actores externos», aseguró el gobierno de Nicolás Maduro tras las conversaciones mantenidas con Lula y con el «camarada Ralph», viejo amigo de la revolución bolivariana y actual presidente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (Celac).

En otra llamada telefónica, Maduro debatió el conflicto entre los dos países con Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidos, sólo unas horas después de la andada revolucionaria en su contra. La cancillería chavista criticó las palabras pacificadoras de Guterres, que apuesta por la decisión de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya para dirimir las diferencias entre ambos países.

Pese a tratarse de un litigio histórico que se prolonga desde la época de la colonia, la celebración de un referéndum patriótico y la posterior «anexión» del Esequibo, al que Caracas ha convertido en su estado (región) número 24, ha disparado las alarmas en la comunidad internacional. Guyana puso a su ejército en alerta máxima y pidió ayuda a su aliado militar, Estados Unidos, que ha iniciado vuelos militares sobre la zona en reclamación.

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«Jamás me rendiré ante el imperio», arengó horas antes el caudillo revolucionario, que ha aprovechado la tensión diplomática para embestir contra la líder opositora, María Corina Machado, y su equipo político más cercano.

«Hemos optado por el diálogo directo con Guyana. No contaban con nuestra astucia, el pueblo salió en defensa de la Guayana Esequiba», se congratuló Maduro horas antes del anuncio. Guayana Esequiba es el nombre de la nueva región, tal y como aparece en el nuevo mapa de Venezuela impuesto por Maduro. Su capital política y administrativa está situada en Tumeremo, en territorio venezolano a 90 kilómetros de la frontera con Guyana.

En este pulso con Caracas, el presidente guyanés, Irfaan Ali, cuenta con el respaldo de la mayoría de los actores internacionales, no sólo Estados Unidos. Los 15 países de la Comunidad del Caribe (Caricom), aliados tradicionales de Caracas; la Commonwealth y Gran Bretaña; y la Organización de Estados Americanos (OEA) así lo han hecho saber en estos días de tensión.

Sobre China y Rusia, trascendentales para que Maduro se haya atornillado en el poder pese a la debacle social y económica de Venezuela, existen más dudas. El Kremlin ha invitado a que viaje a Moscú al «presidente pueblo».

«Entre otros asuntos, se podría buscar resucitar el interés de la rusa Rosneft en la Plataforma Deltiana, una zona muy próxima al mar no delimitado con Guyana y donde Rosneft ya realizó algunas exploraciones», vaticinó Mariano de Alba, asesor senior del Crisis Group.

«China ha metido mucho dinero en Guyana y Venezuela, por lo tanto tiene influencia geopolítica en ambos lados de la frontera esequiba. Su rol es decisivo en este fuego pirotécnico. Del lado guyanés, China es incluso socia de EEUU a través de la petrolera ExxonMobil. Ajedrez puro, no apto para micropolíticos», ironizó Piero Trepiccione, politólogo cercano al «think-tank» de los jesuitas.