No va a dinamitar (aún) el Banco Central, pero Javier Milei sí está sacudiendo las estructuras habituales de la ceremonia de toma de posesión de los presidentes argentinos: el bastón presidencial, tan decimonónico, compartirá espacio con unas medallas y una cadena de plata que buscan reflejar el estilo rocker del nuevo jefe de Estado. Un estilo que se perfila tan estadounidense como disruptivo.

Milei hablará este próximo domingo apenas lo justo ante la Asamblea Legislativa, porque el discurso que a él le importa lo dará minutos más tarde frente a una multitud congregada ante las escalinatas del Congreso de la Nación. La escenografía incluye la Plaza de los dos Congresos, una enorme explanada frente al imponente palacio construido en el siglo XIX en uno de los extremos de la Avenida de Mayo. En el otro, la Casa Rosada, a la que Milei se dirigirá tras jurar ante la Asamblea Legislativa.

Según Clarín, Milei dará forma a una ceremonia «distinta, pensada en la gente y no en la política». Eso implica apenas un breve saludo protocolario ante los máximos representantes de los poderes del Estado y los invitados especiales, porque Milei, que ganó las elecciones criticando a la «casta política», quiere entablar una relación directa con el pueblo. Todo un asunto, ya que la Constitución argentina establece, en su artículo 22, que «el pueblo no delibera gobierna, sino por medios de sus representantes».

Gran admirador de EEUU, en la misma noche de su victoria el 19 de noviembre, Milei habló en un estrado con logo y estética propios de la Casa Blanca, creó una inédita ‘Oficina del Presidente Electo’ y ahora quiere emular los discursos de los presidentes estadounidenses ante una multitud similar a la que se convoca los 20 de enero cada cuatro años ante el Capìtolio en Washington.

Ni las medallas, ni las cadenas, ni el discurso en la escalinata del Congreso forman parte de los ritos de la democracia argentina. Algo que quizás sea lógico, porque Milei, un ultraliberal populista que hace tres años no existía en la política, es pura disrupción.

Fabián Ortega tiene el whatsapp de Karina Milei, la hermana del presidente electo y la mujer con la última palabra en casi todo. A Karina le encantaron las dos medallas que el joven orfebre está preparando. Una, más formal, incluye los símbolos de la Nación argentina; la otra, «más personal», dice Ortega, lleva las iniciales ‘JM’ y un león, símbolo del libertario, en la cara trasera.

«Queremos algo más moderno, algo que represente al nuevo gobierno y también a los argentinos. Al presidente se le entregará un nuevo emblema que no tiene nada que ver con el bastón», cuenta Ortega, de 45 años y responsable de la orfebrería Platamadre.

Parrarols, el del bastón presidencial

A unos metros del taller de Ortega, en el corazón de San Telmo, el barrio más antiguo de la ciudad fundada entre 1536 y 1580 por los españoles Pedro de Mendoza y Juan de Garay, está el taller de Juan Carlos Pallarols. Nacido en Argentina, pero de origen español, Pallarols habla un muy buen catalán, además de gallego y algo de euskera. A sus 81 años es uno de los orfebres más célebres de Argentina, continuador de una dinastía que inició su tataratatarabuelo en 1750 en Barcelona.

En Argentina, Pallarols es sinónimo de bastón presidencial. Y esos bastones son el otro extremo en comparación con las medallas y la cadena que estrenará Milei este domingo: tradicionales, refinados, perfectamente calibrados, rehenes de toda una historia republicana.

Pero Pallarols corre el riesgo de que su bastón no sea utilizado. Tres meses atrás, Milei estalló en las redes sociales por un vídeo en el que el orfebre decía que el candidato le había pedido un bastón «con una melenita», en alusión al león que le sirve de símbolo al presidente electo. Miei lo acusó de mentiroso y dijo que no usaría su bastón. Pallarols, a su vez, denunció que Karina Milei le había pedido 2.000 dólares para cenar con su hermano.

Hoy, asegura el orfebre, todo está solucionado. «Hablé con la hermana, hablé con la futura canciller (Diana Mondino) y todos están de acuerdo en que el mejor bastón es el mío, el que cumple con las reglas», cuenta Pallarols. «Hay normas que respetar, desde el estuche que contiene el bastón hasta que el escribano (notario) no lo toque. Son normas que hay que conocer».

Aunque en Argentina nunca se sabe. En 2015, cuando Cristina Kirchner se negó a ser parte de la ceremonia de traspaso de mando a Mauricio Macri, el bastón que se utilizó fue de Pallarols, pero no de Juan Carlos, sino de Adrián, uno de sus hijos.

Padre e hijo mantienen una muy mala y competitiva relación. «Adrián está enojado conmigo porque me dijo que yo tengo que dejar de trabajar, que por culpa mía no puede progresar. Yo le dije que no es así, que mientras tenga salud yo voy a trabajar. Y si estoy vivo y me lo aceptan, voy a hacer el bastón para el presidente que asuma en 2027».

«Adrián hizo un bastón y lo presentó. Pero el que se va entregar es el mío, me lo dijo la directora de ceremonial», añade el patriarca de los orfebres argentinos. Hay algo en el bastón del Pallarols más joven que podría sin embargo atraer a Milei: en la empuñadura de plata hay un león en relieve.

El bastón presidencial está condenado a ser centro de historias increíbles. En 2015, la esposa de Macri, Juliana Awada, pidió a una asistente que llamara al veterano orfebre. La pregunta que recibió dejó pasmado a Pallarols.

«Me dijo que Juliana quería saber si yo le había dado el bastón a Cristina Kirchner para que le hiciera una macumba (magia negra)».