Actualizado

Michelle O’Neill (Fermoy, Irlanda, 1977) nació al otro lado de la frontera pero se crio en el condado de Tyrone, a la sombra de Derry/Londonderry y en lo más crudo del conflicto en el Ulster que se cobró más de 3.500 víctimas. Hija de un prisionero del IRA Provisional, Brendan Doris, decidió emular su salto a la acción política con Sinn Féin, y fue primero concejala y después alcaldesa de Dugannon, y así hasta convertirse en la primera ministra principal republicana de Irlanda del Norte, elegida como sucesora por el líder histórico Martin McGuinness, también militante en su día del IRA.

«No creo que ningún irlandés se despertara una mañana y pensara que el conflicto era una buena idea, pero la guerra vino a Irlanda y no había alternativa a la lucha armada», declaró la propia Michelle O’Neill hace dos años. «Ahora sí tenemos una alternativa, y es el Acuerdo de Viernes Santo».

Hasta bien recientemente, el fantasma del IRA persiguió implacablemente a O’Neill. Su tío, Paul Doris, fue presidente del Comité de Ayuda a los Norirlandeses (NORAID), la organización que financió durante años al Ejército Republicano. Su primo Tony murió junto a otros dos miembros del IRA en una operación de las fuerzas especiales SAS. Otro primo, Gareth, resultó herido en el ataque a unas comisaría de policía en 1997.

En el 2020, en los momentos críticos de la pandemia, la propia Michelle O’Neill reavivó la llama con su polémica asistencia al funeral del militante del IRA Bobby Storey, la chispa que encendió la mecha de los disturbios de ese mismo año en Belfast, a los que también contribuyeron las tensiones generadas por el Brexit.

Michelle O’Neill rectificó a tiempo y moderó notablemente su discurso en las elecciones regionales del 2022 en la que se ofreció como «la ministra principal de todos los norirlandeses», frente al fragmentación y el sectarismo de los unionistas. Su mensaje caló y acabó logrando el triunfo histórico para Sinn Féin, que no pudo consumar por el boicot del Partido Democrático Unionista (DUP) a la formación de un Gobierno de «poder compartido», tal y como estipula el Acuerdo de Viernes Santo.

«No podemos volver a los tiempos de la «exclusión», declaró hace un año, en una entrevista concedida a El Mundo. «Hemos vivido unos tiempos marcados por la inestabilidad y hay fuerzas que han querido aprovecharlo para volver a mirar al pasado. Tenemos que pensar en el futuro, y eso pasa por una mayor inclusión».

En los últimos dos años, mientras interpretaba el papel de «ministra principal a la espera», Michelle O’Neill se ha esforzado por proyectar la nueva imagen «inclusiva» de Sinn Féin, convertida ya en la fuerza mayoritaria a ambos lados de la frontera y con formando un tándem inseparable con la presidenta del partido, Mary Lou McDonald, la sucesora de Gerry Adams.

La asistencia de O’Neill al funeral de la reina Isabel II y a la coronación del rey Carlos en el 2023 sirvieron para marcar esa calculada transición. «Vivimos en unos tiempos cambiantes y es una manera de mostrar respeto hacia todos los norirlandeses», recalcó la vicepresidenta de Sinn Féin a la hora de justificar su presencia en los fastos en Londres.

Su salto personal a la «inclusión», de la mano del nacionalista Francie Molloy, se produjo de hecho en 1998, el año emblemático para la paz en Irlanda del Norte. Para ella supuso también en el momento de su propia reconciliación personal, tras haber sufrido la exclusión como madre soltera a los 16 años bajo los rigores del catolicismo más estricto, un período que forjó su actitud combativa.

Abuela prematura a los 47 años, Michelle O’Neill suele apoyarse también en su propia experiencia para el marcado acento social de su agenda política (fue secretaria de Salud hace ya casi una década). Su sueño más o menos confesable es que sus nietos puedan crecer en una Irlanda reunificada, convencida de que la oportunidad está al alcance de la mano: «Creemos que el cambio constitucional va a suceder y que el referéndum habría que convocarlo en esta década. Pero queremos una amplia mayoría y un máximo consenso».