• Reino Unido El ‘flechazo’ político de Meloni y Sunak

Después de haber sobrevivido a los peligros de la jungla australiana (quedó tercero en ‘¡Soy famoso, sacadme de aquí!’), Nigel Farage planea la vuelta al fango de la política británica. El ex líder el Ukip, rebautizado por su amigo Donald Trump como Mr. Brexit, aspira a hacer campaña con Reform UK y convertir las elecciones del 2024 en un referéndum sobre la inmigración masiva.

El propio Farage, que se embolsó 1,2 millones de euros por su aventura televisiva, ha desatado las especulaciones al proclamar abiertamente «Never say never» («Nunca digas nunca») en una entrevista en la ITV en la que también presagió la «derrota total» del Partido Conservador.

El presidente de Reform UK Richard Tice, que relevó a su viejo amigo en 2021 al frente del partido, ha dado aún más argumentos: «Cuanto más ayuda pueda darnos Nigel, mejor para nosotros». Tice reconoció que le será muy difícil a Farage «resistir la tentación» de volver al primer plano de la política, sobre todo a la luz del fiasco de la política migratoria de Rishi Sunak y del récord de 745.000 inmigrantes netos en el 2022.

Según fuentes cercanas al ex líder del Ukip, citadas por The Observer, Farage no competiría directamente por un escaño en Westminster en el 2024, habida cuenta de su larga lista de siete intentos y siete fracasos. Su participación sería más bien como animador de campaña a nivel nacional del partido que él mismo ayudó a fundar, sobre los rescoldos del Partido del Brexit, y que en algunas encuestas llega al 9%.

El 37% de los votantes del Partido Conservador admiten que tendrían una visión «más favorable» de Reform UK con Farage a bordo, y eso es algo que inquieta especialmente al premier Rishi Sunak, que ha recogido prematuramente el envite con un giro a la derecha dura, haciendo dúo con Georgia Meloni y advirtiendo desde Roma que la inmigración masiva «desbordará nuestros países y destruirá nuestras democracias».

El objetivo de Farage será precisamente volver a poner la inmigración en primer plano, como hizo durante el referéndum del Brexit con su controvertido cartel de «punto de ruptura», en plena oleada de refugiados de la guerra de Siria.

«Les guste o no a los grandes partidos, vamos a hacer que estas elecciones sean sobre la inmigración, de la misma manera que las elecciones del 2019 fueron sobre el Brexit», revelaron a The Observer las mismas fuentes. «Vamos a poner en cuestión no solo la inmigración ilegal, también la ‘legal’. ¿Quién ha votado por esta inmigración masiva?«.

Farage se subirá previsiblemente al carro electoral en enero, en un acto con el que Reform UK aspira a marcar el pulso de las elecciones generales, previstas inicialmente para el otoño del 2024, aunque podrían adelantarse a mayo. La inmigración es hoy por hoy la tercera prioridad de los británicos (detrás de la sanidad pública y del coste de la vida), pero el 63% opina que los números son «demasiado altos».

Sunak, reforzado

Como si se preparara a conciencia para la competencia que acecha por el flanco derecho, Rishi Sunak ha puesto el empeño en convertir la inmigración masiva (y no solo los botes que cruzan el Canal de la Mancha) en su caballo de batalla para la campaña electoral. El primer ministro ha salido aparentemente reforzado de su pulso con el ala dura de los tories por cuenta de la Ley de Ruanda para deportar a inmigrantes pendientes del derecho de asilo.

Según el último sondeo de Opinium para The Observer, Sunak habría logrado recortar a 13 puntos (27% a 40%) la distancia que separa al Partido Conservador del Partido Laborista de Keir Starmer, que ha visto desinflarse su cómoda ventaja de 20 puntos mantenida durante gran parte del año.

Otros sondeos, como el YouGov (22% frente al 44%) o el de Ipsos (24% a 41%) dan aún una ventaja amplia al Partido Laborista, pero la tendencia es a recortarse. Sunak ha salido visiblemente fortalecido por su reacción ante el conflicto entre Israel y Hamas, mientras que Starmer ha sido cuestionado por una mayoría de sus militantes por no atreverse a reclamar un «alto el fuego», algo que ahora pide el propio David Cameron como secretario de Exteriores.

En un mano a mano personal, Starmer aventaja en seis puntos a Sunak ante la inevitable pregunta de quién sería el mejor primer ministro. El líder laborista planea convertir la defensa del Servicio Nacional de Salud (NHS) en su bandera ante la larga década de austeridad que ha provocado el declive de los servicios públicos y el estancamiento de la economía en plena crisis del coste de la vida.

Starmer ha anticipado la cancelación del ‘plan Ruanda’ si llega a primer ministro, por considerarlo «impracticable», y es partidario a cambio de llegar a acuerdos con la UE para la devolución de inmigrantes pendientes de asilo que lleguen a las costas británicas. Aunque ha prometido ser «dos veces más duro contra las bandas criminales para asegurar nuestras fronteras», su reto será medirse en campaña a la retórica populista que ha empezado a usar ya Sunak en el cónclave de la derecha dura en Roma.

«Nuestros enemigos verán que somos incapaces de hacer frente a este problema y usará la crecientemente la inmigración como un arma: enviando deliberadamente gente a nuestras costar para intentar desestabilizar nuestras sociedades».