• Naciones Unidas Biden y Netanyahu ven posible la normalización de relaciones entre Israel y Arabia Saudí

A medida que los rumores sobre la normalización de relaciones entre Israel y Arabia Saudí en el marco de un gran acuerdo entre este país árabe y Estados Unidos se convertían en optimistas declaraciones de sus líderes, tomaba fuerza el dilema del presidente palestino, Abu Mazen: quedarse al margen y criticar o participar de alguna forma en el proceso para intentar sacar lo máximo para su pueblo.

La visita este martes a Ramala del primer embajador nombrado por Arabia Saudí ante la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Nayef Al-Sudairi, y el reciente viaje de tres importantes emisarios a Riad confirman que Abu Mazen opta por la opción más pragmática. Es decir, estrechar lazos con Arabia Saudí para asegurarse de que incluya la causa palestina como requisito en el acuerdo que se está cocinando a fuego lento desde Washington. Abu Mazen no repite la fórmula de 2020 cuando lanzó un duro ataque contra Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Marruecos y Sudán por haber normalizado sus relaciones con Israel.

De esta forma, el veterano rais pasará de ser un crítico pero más aislado observador a intentar ser parte de una partida en la que los saudíes tienen buenas cartas. El cambio de estrategia no solo se debe a que se trata del país árabe y musulmán más poderoso sino porque Abu Mazen se encuentra ante un momento crítico: nueve años de parálisis de las negociaciones con Israel, 16 años de control de la Franja de Gaza por parte de su rival interno (el grupo islamista Hamas), el crecimiento de la construcción en las colonias en el territorio ocupado en la guerra del 67, el Gobierno más derechista en la historia de Israel y la peor inestabilidad en Cisjordania desde la Segunda Intifada.

Abu Mazen espera que el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman (MBS) condicione el acercamiento oficial a Israel a «pasos significativos» hacía los palestinos. La ‘compensación’ no se limitaría solo a medidas económicas de gran calado como le gustaría al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, pero tampoco llegaría a la solución de dos Estados aunque éste sigue siendo objetivo de Riad como ha recordado Al-Sudairi.

«Estamos trabajando para establecer un Estado palestino con Jerusalén Este como su capital. Riad tiene un gran interés en la cuestión palestina y su solución sobre la base de la legitimidad internacional», ha afirmado el diplomático saudí en Ramala, donde ha rescatado la iniciativa de paz de su país en 2002 basada en el principio «paz a cambio de territorios». Sobre la posible normalización con Israel, se ha limitado a comentar: «Es normal que entre las naciones haya paz y estabilidad».

En sus reuniones con Abu Mazen y el ministro palestino de Exteriores, Riad Malki, el embajador no residente defendió «la relación cercana entre el Reino de Arabia Saudí y el Estado de Palestina» y confirmó la apertura de un consulado general en Jerusalén. Malki definió el encuentro como «histórico» destinado a «impulsar y desarrollar las relaciones entre dos países hermanos y abrir posibilidades de mayor cooperación en todos los campos».

«El nombramiento de Al-Sudairi y la reanudación de la asistencia económica son dos señales que Arabia Saudí envía para aclarar que la normalización de relaciones con Israel debe incluir la cuestión palestina», nos comenta el ex asesor de los palestinos en las negociaciones, Gaith al Omari. Cuando pedimos a este analista que concrete las medidas, contesta: «Tiene que estar relacionado con Jerusalén por su gran valor religioso y con la solución de dos Estados pero en la práctica, los palestinos son realistas y saben que no recibirán un Estado aunque sí pasos tangibles».

Peticiones palestinas

Entre las principales demandas de Abu Mazen, la transferencia a la ANP de algunos territorios bajo control de seguridad y civil de Israel en Cisjordania (Zona C, según Acuerdos de Oslo), la reanudación de la ayuda económica saudí (valorada en 200 millones de dólares anuales) y la paralización en la construcción en asentamientos judíos. Según diversas filtraciones, otras peticiones podrían ser un acuerdo intermedio con Israel, el reforzamiento de los organismos de seguridad de la ANP y la reapertura de la legación diplomática de la OLP en Washington y el consulado estadounidense en Jerusalén, cerradas durante el mandato del presidente Donald Trump.

Pero MBS está tan interesado en alcanzar un acuerdo en los próximos meses con EE.UU. que es improbable que pueda pedir todas las exigencias palestinas y mucho menos que sean aceptadas por el ultraconservador Gobierno israelí. Está obligado a «hacer algo» al respecto para demostrar el apoyo al pueblo palestino pero su máxima prioridad es el pacto de defensa con EE.UU y la recepción tanto de sus armas sofisticadas como de su luz verde para el enriquecimiento de uranio en territorio saudí.

En su entrevista en la cadena Fox News hace una semana, MBS reveló que «cada día se acerca más» el acuerdo con Israel esperando llegar a un punto «para que la vida de los palestinos sea más fácil e Israel sea un actor en Oriente Medio». Poco antes, Netanyahu declaró que «los palestinos deben ser parte del acuerdo con Arabia Saudí pero no deben tener veto a evitarlo».

«Se equivocarían quienes piensan que la paz puede prevalecer en Oriente Medio sin que el pueblo palestino disfrute de sus derechos plenos, legítimos y nacionales», respondió Abu Mazen en atril de la ONU.

Laberinto de intereses

Más allá del objetivo declarado de mantener viva la posibilidad de un acuerdo basado en dos Estados, Biden necesita concesiones importantes hacia los palestinos para convencer al sector más izquierdista del Partido Demócrata a apoyar el pacto con una figura tan controvertida como MBS que además supondrá un premio para un país (Israel) al que suele criticar duramente. y luego para lograr la mayoría (67), buscará el voto de 17 senadores del Partido Republicano que no ve con buenos ojos el enriquecimiento de uranio en Arabia Saudí ni tampoco dar al candidato rival un éxito a pocos meses de las elecciones en EE.UU. Para ello, Biden necesita el acuerdo israelí-saudí y la presión de Netanyahu entre los republicanos.

Netanyahu, por su parte, no oculta su enorme interés por un acuerdo que supondría un enorme logro diplomático, estratégico (también ante el enemigo común iraní), económico y político (debido a la crisis interna sin precedentes causada por la polémica propuesta de reforma judicial).

De momento, este martes tuvo lugar la primera visita oficial y pública de un ministro israelí (el de Turismo, Haim Katz) a Riad con motivo de un congreso organizado por la ONU.