• Patio Global Dinero, salud y felicidad: la soledad belga que no sale reflejada en las estadísticas

Quién. Es, con apenas 30 años, el líder de Vooruit, partido socialdemócrata flamenco.

Qué. A finales de septiembre, en una noche de fiesta, Rousseau se encaró con unos policías y el atestado dice que dedicó todo tipo de comentarios racistas contra los gitanos.

Cómo. En una rueda de prensa en el mismo bar del altercado, el político se ha disculpado diciendo que fue una «conversación de borrachos», pero muchos piden ahora su cabeza.

O los políticos belgas tienen un serio problema con el alcohol, o tienen un problema de incontinencia en todas y cada de sus acepciones o la verdad es que tienen muy mala suerte. En las últimas semanas, varios de los primeros espadas a nivel federal se han metido en serios apuros mientras estaban borrachos o más que contentos. Lo primero que salió a la luz pública fue un vídeo del ex secretario de Estado de Inmigraciones, Theo Francken. El enfant terrible de la derecha nacionalista flamenca, un polemista, provocador y broncas, siempre dispuesto a cruzar cualquier línea y meterse en todos los jardines. Literalmente, porque en las imágenes se le veía, en pleno centro de Bruselas, levantándose de la terraza en la que estaba para ir a descargar en un trozo verde con plantas. Dos minutos en los que destaca por encima de cualquier cosa su cara de felicidad, o alivio, al volver a la mesa.

El segundo, y más polémico, fue el caso del ministro de Justicia, Vincent Van Quickenborne. Se ha conocido como el Pipi Gate, dado que el señor organizó una fiesta en su casa por su 50 cumpleaños y tres de los invitados decidieron que subir al baño era demasiada fatiga y que era mucho mejor apuntar a la furgoneta de la Policía en la que estaban los agentes encargados de la escolta. Las imágenes, porque ahora hay imágenes de absolutamente todo, son demoledoras. El ministro dijo que estaba achispado pero que él no había participado, que no se había dado cuenta. El problema es que en el vídeo sale haciendo una serie de gestos en los que parece replicar las acciones de sus amigos, muertos de la risa.

A las fuerzas de seguridad, que se quejan cada día de faltas de respeto, no les ha hecho ni pizca de gracia. Están ahí porque el ministro recibió serias amenazas de muerte y se desbarató un intento de secuestro incluso. «Algunos dicen que estas imágenes me muestran en el acto de imitar el acto de orinar. La persona a la que acompañaba piensa que… bueno… era un solo de guitarra en el aire… Admito que algunas veces toco la guitarra de aire… Es posible. Sinceramente no lo sé», balbuceó en una de las peores excusas de la historia reciente.

El tercer episodio lo ha protagonizado Conner Rousseau, el líder de los socialistas flamencos, que saliendo de marcha por su zona, en Sint-Niklaas (Flandes Oriental), se encaró con otros policías y rajó a gusto contra los gitanos. Sus explicaciones (con arrojo decidió convocar una rueda de prensa en el mismo bar en el que había ocurrido todo) son poco sólidas. «En esta zona hay desde hace tiempo preocupación y frustración por la molestia, la basura y la intimidación. En cierto momento, a las 6 de la mañana, en medio de la borrachera, comencé a hablar a un grupo de policías que estaban aquí», ha explicado. «Expresé la frustración que existe entre mucha gente de una manera incorrecta. Fue una charla de borrachos, y aunque fue dicho en broma… incluso estoy un poco en shock conmigo mismo. Me gustaría dar una disculpa clara por las cosas inapropiadas que dije», ha añadido.

Una vez más vuelve a haber vídeo de lo ocurrido. Las cosas inapropiadas son insultos racistas según un atestado policial, todo tipo de críticas a los gitanos y reiteradas invitaciones a los agentes a usar las porras contra los «morenos» y a dejar en paz a los blancos flamencos que sólo quieren festejar sin control, límite ni autoridad. Ya es mala suerte, justo el día, el único día, en el que sale la naturaleza oscura de todos y les pillan los objetivos.