Ocho años en la cima y una caída abrupta y precipitada han culminado este miércoles con la aprobación de los últimos Presupuestos Generales del Gobierno de António Costa. El primer ministro saliente de Portugal ha aguantado hasta ahora en el cargo y con plenos poderes tras su anunciada dimisión para poder aprobar definitivamente sus últimas cuentas públicas en un debate que ha servido a todos los partidos para ensayar la próxima campaña electoral, la de las elecciones anticipadas del 10 de marzo.

Costa llegó al debate mejor que cuando dimitió. El presunto caso de corrupción por el que dejó el cargo ha sido desinflado por el juez tras las graves acusaciones iniciales de la Fiscalía. Pero Costa ha prometido no volver a ocupar ningún cargo público hasta que acabe la investigación judicial de la operación Influencer. El de este miércoles en la Asamblea de la República ha sido, por tanto, su último acto político de relevancia en mucho tiempo. El candidato del Partido Socialista (PS) será otro y se decidirá en primarias.

Empatados en las encuestas, tanto el PS como el Partido Socialdemócrata (PSD, centroderecha) utilizaron el debate de la Cámara, que ha aprobado el Presupuesto con 120 votos a favor, 108 en contra y dos abstenciones, para dirigirse a los votantes y ganar terreno de cara a la próxima cita con las urnas. La derecha y la ultraderecha parten con ventaja, pero los conservadores portugueses han asegurado hasta este momento que descartan gobernar en coalición con la extrema derecha de Chega, con lo que el próximo Ejecutivo está en el aire.

Costa prefirió no intervenir en el debate y dejó toda la intervención ante el atril a su ministro de Finanzas, Fernando Medina. A la salida, sí hizo una encendida defensa de su mandato ante los periodistas: «En ocho años, hemos pasado página a la austeridad», resumió.

Un emocionado primer ministro concluyó que en 2015 tomó los mandos del país en «una situación de déficit excesivo». Tras este tiempo, añadió, Portugal goza de «una estabilidad fiscal sólida». «Han sido ocho años de convergencia con la Unión Europea como no ocurría desde principios de siglo», ha asegurado. Tras su último acto político antes de irse definitivamente, Costa garantizó que «los portugueses tendrán, en el año 2024, unas cuentas que continúan la senda de mejora de los ingresos, promueven la inversión y protegen su futuro».

Las cuentas generales de Portugal se aprobaron sin problemas gracias a la mayoría absoluta del PS. Votaron en contra el PSD, Chega, Iniciativa Liberal, el Partido Comunista y el Bloque de Izquierda. Y se abstuvieron los dos diputados de Livre (ecologistas) y del Partido Animalista (PAN).

En sus réplicas, el centroderecha y la derecha radical acusaron a Costa de marcharse subiendo la presión fiscal a los portugueses y dejando «un débil crecimiento económico». En el lado contrario, las portavoces de la izquierda aseguraron que en este tiempo se han deteriorado los servicios públicos y que los «buenos indicadores económicos» no han llegado a mejorar la vida de la gente.

Sin embargo, el centro de los ataques sobre todo de la derecha fueron «los escándalos» que han rodeado el último año de Costa en el poder. «Nadie despidió al primer ministro», dijo un vehemente André Ventura, el líder de Chega (extrema derecha), «él dejó el cargo obligado por un escándalo de amiguismo y corrupción; ni su madre cree ya en usted», le espetó, antes de que el presidente de la Asamblea, Augusto Santos Silva, le llamara al orden.

Los argumentos del portavoz económico del PSD fueron similares: «El Gobierno de Costa se derrumbó desde dentro, envuelto en escándalos mal explicados».

A pesar de que el primer ministro ya no está siendo investigado por los graves delitos de los que le acusó en un principio la Fiscalía, dos de sus más estrechos colaboradores, incluido su jefe de Gabinete, Vítor Escária, están en entredicho y siguen imputados. En el registro del despacho de Escária, la policía encontró 75.800 euros en metálico repartidos en sobres.

Los portavoces de la derecha aprovecharon también para cargar contra el dirigente socialista que es el favorito para ganar las primarias y ser candidato, Pedro Nuno Santos. Según el PSD y Chega, se trata de «un radical impulsivo» y un Gobierno dirigido por él «sería aún más trágico para Portugal».

Las próximas elecciones portuguesas se plantean abiertas con cierta ventaja a favor de la derecha, según los sondeos de las últimas semanas. El PSD y el PS aparecen empatados, al igual que los liberales y la izquierda. Por ese lado, los bloques se disputan la victoria por un puñado de escaños.

Rompe el desempate en las encuestas la extrema derecha, que aparece como la tercera fuerza más votada con hasta 42 diputados (frente a los 77-80 del PSD y del PS). Sin embargo y de momento, el líder del PSD, Luís Montenegro, mantiene que no gobernará con la derecha radical, al contrario de lo que ocurrió en los Países Bajos, donde el centroderecha abrió las puertas a gobernar con la ultraderecha y el ultra Geert Wildersganó las elecciones.