• Latinoamérica Anulan la sentencia en Guatemala de seis años de prisión contra el periodista José Rubén Zamora y ordenan repetir el juicio

Intentos de secuestro, varios exilios y una rutina cargada de inseguridad. Así ha estado marcada la vida de Ramón Zamora (34 años), antropólogo, investigador, gerente de producto del extinto ‘El Periódico’ de Guatemala y el menor de los tres hijos de José Rubén Zamora, presidente y fundador del citado medio. Pero también un icono de la libertad de prensa en Centroamérica, una entrega vital que le condujo a la cárcel el pasado 29 de julio de 2022. Cercado por la justicia por sus investigaciones, se encuentra a la espera de que se repita el juicio de uno de los casos que tiene abiertos tras resultar anulada la sentencia de seis años de prisión por lavado de dinero y otros activos. Mientras todo se esclarece y cuando la situación en Guatemala parece amainar tras la orden de la Corte Constitucional de «garantizar» la juramentación de Bernardo Arévalo, el periodista «se mantiene muy positivo» y «sigue escribiendo», explica su hijo en una entrevista tras un acto reciente en Casa de América, en Madrid.

Pregunta. ¿Cuál es su historial de hostigamientos siendo familia de un referente periodístico en su país?

Respuesta. En el 96, cuando están formando el periódico, estallan una bomba debajo del coche de mi padre. En 2003, sucede un allanamiento ilegal en nuestro hogar [entonces toda la familia sale del país; él tenía 12 años]. En 2008, secuestran a mi padre y pasa desaparecido más de 48 horas. Es más, lo dan por muerto cuando lo encuentran y lo llevan a una morgue y cuando le están practicando la autopsia, que tienen que meterle una sonda para sacarle todos los líquidos por la uretra, él reacciona del dolor que sintió y se dan cuenta de que está vivo. Y, en el 2013, hay un intento de secuestro en mi contra y a partir de eso se decide que yo salga una temporada. Regreso a Guatemala en el 2016 y vuelvo al exilio este año, ya que después de la detención de mi padre me empiezan a identificar a mí como el que se quedó a cargo.

P. ¿Cómo es vivir así desde los 12 años?

R. Hemos normalizado mucho estas cosas porque simplemente es lo que se vivía en nuestro hogar. Respetamos mucho a mi padre por la decisión de quedarse y seguir luchando. Definitivamente, ha tenido un coste familiar. El tema de estar siempre acompañado de seguridad, de qué días y a qué horas puedes salir de casa, que siempre uno esté al tanto de lo que está a su alrededor y que entre menos sea visto, mejor. Saber cuáles eran mis lugares seguros y tener que reportarme cada cierto tiempo.

P. ¿Cuál es la situación judicial de su padre?

R. Sigue en la cárcel. Actualmente, tenemos este caso que le decimos en familia que es el ‘caso grande’, que es en el que le acusan de lavado de dinero, tráfico de influencias y chantaje. En junio, los jueces deciden que realmente no había evidencia para acusarlo de chantaje y tráfico de influencias y en el caso de lavado de dinero le imputan ese cargo por el simple hecho de que él no pudo demostrar el origen. A pesar de que se anuló la sentencia, se presentaron casaciones donde la idea es por lo menos que se anule completamente el juicio porque es espurio, el caso se armó en 72 horas. Tenemos otros dos casos aparte que son obstrucción de Justicia, que se le está acusando a mi padre de tratar de obstruir las acciones del Ministerio Público, y en el que se le acusa de presentar documentos migratorios falsificados.

P. ¿Tienen contacto con él? ¿Cómo se encuentra?

R. Tenemos contacto con él. Al mes de estar en la cárcel, le pusieron un teléfono público. Él tiene derecho a una hora diaria de luz natural. Todas las semanas le mandamos 100 quetzales, son como 10 euros, para que él compre tiempo en el teléfono público y nos pueda llamar. Familiares y amigos lo van a visitar. Hemos logrado gestionar que salga a los hospitales porque a partir de su detención mi padre pierde alrededor de 40 libras (18 kilos aproximadamente) en cuestión de dos semanas. Y eso le ha causado una serie de malestares. Tiene dañadas las cuerdas vocales y está perdiendo un poquito la vista por las condiciones de luz y la cantidad de polvo que hay en el ambiente. En términos de ánimos, se mantiene muy, muy positivo. Todavía sigue escribiendo. Como el régimen que tenemos sigue argumentando que ellos no tienen nada contra los periodistas, pues no se han atrevido a evitar que publiquemos sus notas. Entonces, por lo general, él manda las notas escritas a mano, le creamos un Medium [plataforma que alberga blogs], las transcribimos y entonces publicamos sus notas ahí. Como dos veces al mes, él escribe algo.

P. ¿Es objeto de torturas en prisión?

R. Ha habido un poco de todo y en momentos críticos. En junio, por ejemplo, cuando era su debate público, pasó 15 días sin poderse bañar, le cortaron el agua. Los primeros días que estuvo en la cárcel no lo dejaban dormir. Su cama estaba infectada de insectos. Básicamente eso y el aislamiento. La comida que dan en el sistema penitenciario es bastante básica. Es un huevo duro con frijoles y una tortilla tres veces al día. No siempre están en el mejor estado. Entonces tiene una hielera donde le ponemos hielo todas las semanas y le dejamos comida para la semana.

P. ‘El Periódico’ tuvo que cerrar en papel, ¿se mantiene de alguna manera?

R. Cerramos el papel el 30 de noviembre del 2022 porque ya no teníamos la capacidad económica de mantenerlo. Perdimos muchos anunciantes al inicio de todo esto y decidimos ver si lográbamos sostenernos como medio digital. La constante persecución legal y fiscal que teníamos impidió que siguiéramos. En febrero, abren el caso contra nueve periodistas de nuestra redacción y se tienen que ir. En abril, me empiezan a perseguir a mí, entonces también salgo y los pocos clientes que teníamos que nos estaban apoyando me dejaron de responder las llamadas. Dijimos que realmente seguir y esperarnos a que vengan a por todos no vale la pena, entonces mejor terminemos aquí. A partir del 15 de mayo, decidimos cerrar el medio de comunicación.

P. Su hermano José Carlos tachó el caso de «persecución política»… ¿Qué investigaciones desencadenaron esto?

R. Tenemos dos investigaciones fuertes. Una es sobre la compra de las vacunas rusas Sputnik V. Era ilegal. Y publicamos la visita de dos empresarios rusos que le entregan una alfombra rusa llena de dólares al presidente Alejandro Giammattei.

P. Su padre ha descrito alguna vez que Guatemala tiene «una dictadura velada, multipartidista y tiránica».¿A qué se refiere exactamente?

R. Cuando uno habla de una dictadura se imagina un régimen único con un solo partido, que es un dictador el que está a la cabeza de todo. En el caso de Guatemala, y es el término que mi padre usa hoy históricamente, es una narcocleptodictadura que nace y muere cada cuatro años. Entonces la idea es que tenemos un sistema cooptado de varios partidos políticos, que también son bandas criminales, que cada cuatro años se pelean por quién va a liderar la mafia. Dan esta falsa ilusión de elecciones. En 2018 se le llamó el ‘Pacto de Corruptos’.

P. ¿Y cómo consigue colarse en todo este sistema el Movimiento Semilla?

R. Nunca pusieron atención porque no los vieron como una posibilidad real.

P. ¿Qué mensaje mandaría no sólo a la comunidad internacional, sino a los lectores y demás ciudadanos de a pie que no conozcan el caso de su padre para que pongan el ojo en Guatemala?

R. La única opción es un periodismo independiente, crítico y fuerte. Ante todos estos ataques a la prensa, la mejor respuesta es más periodismo. Y eso se logra si tenemos audiencias comprometidas con el trabajo independiente de los medios de comunicación. El mensaje a las audiencias, los lectores, los suscriptores es que sigan apoyando a sus periódicos locales, a sus periódicos nacionales para que puedan seguir. No sólo hacer que el poder rinda cuentas, sino que también a través del periodismo construir sociedades más justas.