• Guerra en Ucrania Emma Igual, la española nieta de una superviviente del Holocausto víctima de un ataque ruso en Ucrania

Ruben Mawick tuvo suerte. Suerte de seguir vivo. Este chico nacido hace veinte años en la ciudad alemana de Soest, en Renania del Norte-Wesftalia (oeste germano), formaba parte del equipo de la ONG Road to Relief que dirigía la española Emma Igual y que fue víctima de un proyectil ruso en cerca de Kostantínovka, en el este ucraniano.

Igual y el canadiense Anthony Inhat, al que llamaban «Tonko», fallecieron en el «impacto directo» del proyectil ruso que sufrió el vehículo en el que se dirigían hacia Bajmut. Mawick y su otro compañero, el sueco Johan Thyr, lograron salir del vehículo, que quedó de lado y envuelto en llamas.

Sin poder recuperar los cuerpos de Igual e Inhat, Mawick y Thyr, los dos supervivientes, malheridos, lograron avanzar varios kilómetros por la carretera hasta que militares del Ejército de Ucrania percibieron su presencia y fueron en su ayuda. Mawick y Thyr iban a pie, con quemaduras y heridas de metralla del misil guiado antitanque ruso que les atacó, según han contado en Road to Relief. Ahora «se están recuperando bien», dicen en la ONG.

Poco después de ser atendidos en el hospital, el medio ucraniano Donbas Frontliner publicaba imágenes de ambos. Mawick también demostraba, pese a las heridas, una heroica entereza cuando le preguntaban qué mensaje quería hacer llegar al mundo.

«Quiero decir que manden más de todo, más de tanques al Ejército de Ucrania, más suministros. Que compartan vídeos de esta guerra. Esta guerra no ha terminado. Está lejos de terminar», decía en inglés, antes de pasar a su lengua materna, en la que se mostraba directo reivindicando apoyo para el país ilegalmente invadido por la Rusia de Vladimir Putin.

«Tenéis que hacer más donaciones. La guerra no ha terminado, la guerra se está recrudeciendo, cada vez muere más gente, la guerra no para. Sólo parará si mandamos más apoyo», decía el joven rodeado de médicos. En el vídeo, sus manos y piernas están vendadas. Fruto de las quemaduras, su rostro está cubierto de vendas. Puede mover los labios y la lengua para dirigirse a la cámara del Donbas Frontliner.

A sus 20 años, Mawick se había unido como voluntario a las labores de la ONG que dirigía Igual. «Soy enfermero y me decidí a venir aquí a ayudar porque lo que está pasando aquí es injusto. Y hay que luchar contra la injusticia», afirma Mawick en un vídeo que ha circulado estos días en Internet. «La batalla por la libertad es la más valiosa de las batallas que se pueden librar», añade.

Eso último, Mawick, que se define como «un chico muy normal», lo tiene claro desde hace tiempo. En su cuerpo lleva tatuado el mensaje, en inglés, ‘Freedom is not Free’. O sea, «la libertad no es gratis». Seguramente esa fe en libertad le llevaba a decir que estar donde estaba en el momento del ataque era «lo que tenía que hacer». «No estoy contento de estar aquí, herido. Espero no haber quedado inválido. Espero poder recuperar el oído, pero lo que hice fue lo que tenía que hacer», concluía Mawick.