• Perfil David Cameron, siete años vividos en el limbo con las alforjas del Brexit y la austeridad
  • Política Rishi Sunak pone al frente de Exteriores al ex primer ministro Cameron tras destituir a la ministra de Interior

Rishi Sunak ha decidido jugarse su futuro político con la inesperada rentrée del ex «premier» David Cameron (como secretario de Exteriores) y la fulminante destitución de Suella Braverman como secretaria de Interior. El doble golpe de efecto, interpretado como una concesión a la facción moderada del Partido Conservador, amenaza sin embargo con provocar la ira del ala dura y reabrir las heridas del Brexit en plena cuenta atrás para las elecciones del 2024.

El regreso a la alta política de David Cameron siete años después de su dimisión causó estupor en su propias filas, aunque fue recibido con parabienes por la comunidad internacional y especialmente en Bruselas. «Espero que podamos trabajar juntos para reforzar los lazos y la cooperación entre la UE y el Reino Unido», declaró el alto representante para Asuntos Exteriores Josep Borrell. «En momentos de un profundo cambio global, necesitamos estar juntos y defender nuestros valores compartidos».

Decenas de diputados «tories» interpretaron sin embargo el nombramiento de Cameron y la destitución de Braverman como una revancha de los defensores de la permanencia en la UE y una declaración de guerra al ala derecha del partido. Los grupos New Conservatives y Common Sense convocron a sus filas el lunes en el Parlamento y amenazaron con impulsar el envío de cartas al Comité 1922 pidiendo un voto de censura contra su propio líder.

«He discrepado con alguna decisiones individuales de Sunak, pero le considero un líder capaz y fuerte«, declaró Cameron tras ser llamado a capilla en Downing Street a primera hora del lunes. El ex «premier», que dimitió también como diputado tras perder el referéndum de la UE en el 2016, ha tenido que ser nombrado miembro de la Cámara de los Lores para poder formar parte del Gobierno.

En el momento de asumir el timón del Foreign Office, Cameron destacó la «vocación internacional» del Reino Unido «en un momento de grandes retos globales, desde la guerra de Ucrania a la crisis en Oriente Medio». «Pocas veces ha sido tan importante para nuestro país permanecer junto a nuestros aliados, reforzar nuestras alianzas y asegurarnos de que nuestra voz es escuchada», escribió el ex «premier» en su cuenta en X.

Cameron releva en su puesto a James Cleverly, que pasa a ser secretario de Interior en sustitución de Suella Braverman. Sunak aprovechó la crisis de Gobierno para destituir también como secretaria de Medio Ambiente a Therésè Coffey, reemplazada por Steve Barclay, que cede al mismo tiempo su puesto de secretaria de Salud a Victoria Atkins, también partidaria en su día de la permanencia en la UE. Ric Holden, ex jefe de prensa de los «tories» con Cameron, ha sido nombrado entre tanto presidente del Partido Conservador.

Los analistas llevaban varios días especulando con la destitución de Suella Braverman, tras su desafiante artículo en The Times que se saltó todos los filtros del Gobierno y en el que criticaba el «favoritismo» de Scotland Yard ante las manifestaciones pro-Palestina, calificados como «marchas de odio». Los ataques a la policía y los disturbios causados por una centenar de manifestantes de ultraderecha que fueron detenidos en el Día del Armisticio precipitaron posiblemente su caída.

Con lo que nadie contaba hasta el lunes era con el regreso repentino de David Cameron, que robó los titulares a Braverman y mitigó hasta cierto el impacto de su destitución. «El ex «premier» servirá para reforzar el equipo de relaciones exteriores, pero trae también consigo una lista de desventajas, con el Brexit a la cabeza», advirtió Bronwen Maddox, directora de la Chatham House. «Muchos le recuerdan simplemente como el primer ministro que eligió un referéndum que no pensaba perder y que comprometió las relaciones internacionales del Reino Unido».

«Creo en el servicio público y estoy encantado de aceptar este puesto«, declaró Cameron en la primera entrevista televisiva tras su nombramiento. El ex «premier» aseguró haber renunciado a todas sus posiciones en empresas e instituciones privadas, como la Fundación del Alzheimer que ha llegado a presidir. En su primer comparecencia ante los medios se vio obligado sin embargo a responder por su papel en el escándalo de la bancarrota de la firma financiera Greensill Capital, por la que llegó a interceder ante el Gobierno (después de haber percibido el equivalente a nueve millones de euros en calidad de asesor).

Suella Braverman se marchó entre tanto por la puerta de atrás por segunda vez, trece meses después de su primera dimisión en el Gobierno efímero de Liz Truss por haber violado el código ministerial. Rishi Sunak la restituyó en su puesto como una concesión al ala dura del Partido Conservador, pero su retórica incendiaria colmó la paciencia del «premier», que le comunicó su cese por la vía rápida y por teléfono.

Suella Braverman se posicionó de hecho como alternativa populista a Sunak durante la reciente conferencia del Partido Conservador en Manchester. La ya ex secretaria de Interior llevaba más de dos meses saltándose los filtros del Gobierno desde su polémico viaje a Washington donde proclamó «el fiasco del multiculturalismo» y advirtió que «la inmigración masiva es una amenaza existencial» para Occidente.

Hija de inmigrantes indios radicados en Kenia e Isla Mauricio, nacida hace 43 años en Londres, Braverman fue ascendida a primer plano por Boris Johnson, presentó de hecho la candidatura a su sucesión y mantiene muy vivas sus ambiciones para ser líder del partido, con un apoyo considerable entre las bases.

«Ha sido el mayor privilegio de mi vida servir como secretaria de Interior», declaró por su parte Braverman, reservándose el derecho a «hablar más adelante» de los detalles de su destitución, que se produjo dos días antes el esperadísimo fallo del Tribunal Supremo sobre las deportaciones a Ruanda de los inmigrantes pendientes de la petición de asilo.

Lord Peter Cruddas, uno de los mayores donantes del Partido Conservador, ex aliado de Boris Johnson y próximo al ala dura, fue uno de los primeros en levantar la voz contra los cambios en el Gobierno de Sunak. «Se consumó el golpe», declaró, en referencia a la teoría conspiratoria de una revancha de los partidarios de la permanencia en la UE.