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Quién. El fotógrafo madrileño Carlos Alba ha creado una fábula visual, ‘I’ll Bet the Devil My Head’, con fotografías de zorros en Tower Hamlets, el distrito más pobre de Londres.

Qué. Se estima que unos 10.000 zorros urbanos viven en las calles y parques de la capital británica.

Por qué. Los ‘Vulpes vulpes’ despiertan entre la población las mismas pasiones enfrentadas que el Brexit.

Los zorros comunes (Vulpes vulpes) despiertan entre los británicos las mismas pasiones enfrentadas que el Brexit. Unos los consideran como una plaga o una maligna aberración, y sólo quieren cazarlos o exterminarlos. Otros los veneran como la avanzadilla del rewilding, símbolo vivo de la vuelta de la vida silvestre a las ciudades.

Se estima que en el Reino Unido hay más de 33.000 zorros urbanos campando a sus anchas por los parques, los jardines y las calles. Y 10.000 de ellos tienen su hábitat en Londres. En el distrito del Tower Hamlets, los zorros salen a buscarse la vida a la misma hora en la que los brokers cierran sus carpetas en la City y en Canary Wharf, acentuando el contraste en blanco y negro entre el distrito más pobre y el corazón financiero de la ciudad.

Todas estas apreciaciones han servido al fotógrafo Carlos Alba (Madrid, 1984) para hilar un inquietante cuento visual titulado I’ll Bet the Devil My Head, con los zorros dejándose guiar por su instinto de supervivencia sobre el asfalto, en contraste con los privilegiados oficinistas que vienen de apostar su cabeza al diablo (en referencia al relato de Edgar Allan Poe).

«Mi intención ha sido documentar la dureza de buscarse la vida en el East End, con la paradoja de estar rodeado de dos de los mayores centros financieros del mundo», recalca Carlos Alba. «Mi idea es que el libro actué como una fábula global de la desigualdad, con el uso del zorro que lleva siendo tan familiar para nosotros desde las fábulas de Esopo hace 2.500 años».

La astucia es la marca del zorro, y Alba tuvo que ingeniárselas para «interactuar con ellos de una manera orgánica», siguiéndoles el rastro y localizando sus madrigueras, «aprendiendo sus horarios y costumbres». Les esperaba con la paciencia de un fotógrafo de la vida silvestre, y les sorprendía casi siempre «con la estética violenta del flash en la noche, para dar mayor dramatismo al cuento visual».

Así logró instantáneas como la del zorro reflejado en un charco en plena calle, los cachorros jugando, los adultos cazando o peleando para marcar el territorio… Porque los zorros urbanos son muy suyos: huidizos, cautelosos, solitarios. Cualquiera que se haya cruzado con ellos en Londres lo habrá notado. Y sólo muy ocasionalmente actúan de manera agresiva hacia los humanos, por más que los tabloides (los mismos que defienden la caza del zorro y el Brexit) se descuelguen con alarmantes titulares de niños heridos por un zorro.

Carlos Alba, ex compañero de fatigas en EL MUNDO, trazó un insospechado paralelismo entre la gran división causada por la Unión Europea y «las tensiones sobre los zorros». Venció el Brexit, pero los zorros votaron por la permanencia. Y ahí siguen, recordándonos que «los humanos tenemos que encontrar una mejor manera de compartir el planeta con la vida silvestre».

I’ll Bet the Devil My Head se presenta el 18 de octubre en la librería La Fábrica de Madrid. Las fotografías de Carlos Alba serán después expuestas a partir del 25 de octubre en Art Photo de Barcelona. En Londres, mientras, Matt Maran se ha acercado también a los zorros urbanos desde su perspectiva de fotógrafo de la naturaleza. Su libro Fox: neighbour, villain, icon da cuenta de la explosión de vida silvestre en la ciudad durante la pandemia, siguiendo el rastro de una familia de zorros en un jardín comunitario y descubriendo sobre la marcha su importancia «como guardianes del ecosistema urbano».