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El temor a que el ex presidente Donald Trump pueda volver al poder en EEUU y dejar que Rusia «haga lo que le dé la gana» si los socios de la OTAN no pagan sus facturas, ha acelerado la recomposición de los focos de poder que se detecta en la Unión Europea desde la llegada del europeísta Donald Tusk al poder en Polonia e impulsado la creencia de que Europa debe ser capaz de velar por su propia seguridad aunque dentro de la OTAN.

La reunión ayer en las cercanías de París de los ministros de Asuntos Exteriores de Polonia, Francia y Alemania fue la escenificación de la nueva savia que Tusk, ex presidente del Consejo Europeo, ha dado al llamado triángulo de Weimar, un formato creado en 1991, cuando Polonia salía de décadas de comunismo, como plataforma de cooperación política entre las tres naciones, y que con el gobierno ultraconservador del partido Ley y Justicia (PiS) polaco había caído en letargo.

La agenda del primer encuentro entre la alemana Annalena Baerbok y el francés Stéphane Séjourné y polaco, Radoslaw Sikorski se solapó con los encuentros que Tusk mantuvo con apenas unas horas de diferencia con el presidente Emmanuel Macron en París y con el canciller Olaf Scholz en Berlín, una ofensiva diplomática que tuvo resultados inmediatos para Varsovia y abre nuevas perspectivas para la UE. «Si París, Berlín y Varsovia aúnan fuerzas podremos acometer las reformas que son necesarias en la Unión y abordar con realismo y pragmatismo los déficits en materia de defensa y seguridad», afirmó Tusk desde el convencimiento de que los encuentros que organizaran en adelante el trío no serán puramente protocolarios.

Scholz, Macron y Tusk coincidieron en que uno de los puntos flacos de la Unión Europea es la dispersión de la industria armamentística europea y falta de coordinación en las compras de armamento, un problema conocido que se deriva de la inexistencia de una política de defensa común. El objetivo ahora de los tres mandatarios es incrementar la cooperación de las empresas europeas y definir una defensa común sin entrar en competencia con la OTAN. «No hay alternativa a la OTAN y al principio de todos para uno y uno para todos», afirmó Tusk.

Con la guerra en Ucrania en punto muerto, la ayuda estadounidense en suspenso, la sospecha de que Rusia podría interferir en las próximas elecciones europeas y las perspectivas de Trump volviendo a la Casa Blanca, la UE se encuentra ante el uno de los desafíos más importantes de la historia reciente. Los Veintisiete son cada vez más conscientes de que la Unión debe ser capaz de velar por su propia seguridad, pero sin renunciar a la OTAN y menos impregnarla del carácter mercantilista de Trump.

«Los comentarios (de Trump) son irresponsables e juegan a favor de Rusia», dijo el lunes el presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier. Las palabras de Trump resultaron especialmente chocantes para países de primera línea de la OTAN como Polonia, de ahí que Tusk insistiera en Paris que, aun no «habiendo alternativa a la cooperación transatlántica y a la OTAN, Europa debe convertirse en un continente seguro». Y eso significa que «la UE, Francia y Polonia deben convertirse en países fuertes y preparados para defender sus propias fronteras, su propio territorio y para defender y apoyar a nuestros aliados y amigos de fuera de la Unión Europea», dijo un Tusk, para quien las palabras de Trump «han sido una ducha de agua fría para todos».

Un continente seguro

El primer ministro de Polonia, un país particularmente atlantista porque considera que el escudo militar de Washington es su principal garantía frente a Moscú, dijo que para que Europa sea un continente seguro, Francia y Polonia necesitan Estados fuertes «capaces de defender sus fronteras y sus territorios», así como a sus aliados.

Macron elogió el «papel clave» de Francia y Polonia en materia de seguridad y defensa en Europa en el contexto de la guerra en Ucrania y destacó la voluntad de Europa «de seguir abasteciendo y satisfaciendo las necesidades ucranianas», como así se demostró con la aprobación reciente de una ayuda a Ucrania 50.000 millones de euros. Esto «nos permitirá hacer de Europa una potencia de seguridad y defensa» complementaria de la OTAN y un pilar de la Alianza Atlántica, dijo Macron. Para el presidente francés, los esfuerzos de los Veintisiete para el aprovisionamiento en armas y munición de Ucrania deben servir para aumentar la propia base de la industria de defensa de la UE».

Los comentarios de Trump sobre la OTAN, aunque no son nuevos pues ya durante su mandato arremetió contra los aliados por su falta de compromiso, ha provocado también revuelo en Alemania. «Naturalmente han sido tomados en cuenta», pero «en su política de seguridad y defensa de seguridad y defensa, el Gobierno alemán confía claramente en la en la alianza transatlántica y en la comunidad transatlántica de valores», dijo la portavoz adjunta del Gobierno, Christiane Hoffmann. Expertos alemanes en política exterior también expresaron su consternación. «Las declaraciones equivocadas de Donald Trump sobre las obligaciones de EEUU en virtud de los tratados en caso de ataque a un miembro de la OTAN demuestran una vez más lo impredecible, sin escrúpulos y poco fiable que es», afirmó el coordinador Transatlántico del Gobierno alemán, Michael Link

La OTAN no exige a sus 31 miembros que paguen facturas, pero se espera que sus miembros inviertan un cierto porcentaje de sus propios presupuestos -el 2% de su producto interior bruto- en defensa. Algunos países, como Polonia, donde los temores en materia de seguridad son profundos, cumplen desde hace tiempo el objetivo. Polonia incluso ha ido más allá, aumentando el gasto como consecuencia de la agresión rusa en Ucrania. Alemania, con una cultura política de cautela militar posterior a la Segunda Guerra Mundial, hace tiempo que no alcanza el objetivo del 2% y fue blanco frecuente de las iras de Trump durante su presidencia. Pero Berlín anunció planes para aumentar el gasto militar después de que Rusia lanzara su invasión a gran escala de Ucrania, y planea alcanzar el 2% este año. El presupuesto militar de Francia ha crecido en los últimos años y ha alcanzado el nivel de alrededor del 2% de su PIB.