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El escritor australiano Yang Hengjun desapareció en enero de 2019 cuando aterrizó en la ciudad china de Guangzhou procedente de Nueva York. Pasaron semanas hasta que las autoridades chinas notificaron a su familia que se encontraba recluido en un centro de detención en Pekín sin acceso a sus abogados. Oficialmente, había sido arrestado por cargos de espionaje, por «poner en peligro la seguridad nacional con daños particularmente graves al país». No se revelaron más detalles. Este lunes, cinco años después de la detención, ha transcendido que Yang ha sido condenado a muerte.

Pero se trata de una «sentencia a muerte en suspenso», bastante común en China, que es el mayor verdugo del planeta, donde el fallo permite una prórroga de dos años para conmutar la pena capital por cadena perpetua o por 25 años entre rejas, siempre y cuando haya «buena conducta» durante esa prórroga.

Yang (57 años) nació en China y durante 14 años estuvo trabajando para el Ministerio de Seguridad del Estado (MSS), quien dirige a las fuerzas de seguridad en el gigante asiático. En el 2000 se mudó a Australia, donde escribió varias novelas de espías y tenía un blog en el que publicaba artículos muy críticos contra Pekín por la represión a los derechos humanos.

Yang tenía la ciudadanía australiana y trabajaba en Nueva York cuando fue arrestado en Guangzhou. Tras conocerse la sentencia después de dos años de juicio a puerta cerrada, desde Canberra se pronunció la ministra de Exteriores australiana, Penny Wong, afirmando que su Gobierno estaba «horrorizado por esta decisión» y que había convocado al embajador chino para «presentar una objeción en los términos más enérgicos».

La ministra expuso además la preocupación que hay en Australia por los problemas de salud de Yang. «Cinco años de detención arbitraria y tortura han tenido graves consecuencias para su salud. Ahora está gravemente enfermo», aseguró Wong.

Esta sentencia sacude la diplomacia entre los dos países justo en un momento en el que China y Australia habían logrado reconducir las relaciones después de años de tensiones. El pasado noviembre, el primer ministro australiano, Anthony Albanese, estuvo en Pekín. Una visita precedida por la liberación del periodista australiano Cheng Lei, quien pasó tres años detenido en China acusado también de espionaje.

Enfrentamiento

Albanese, que fue el primer líder australiano en pisar el país asiático en siete años, se reunió con el presidente chino Xi Jinping, logrando reiniciar unas relaciones bilaterales que estaban completamente rotas. A finales del año pasado, Pekín alivió parte de la oleada de sanciones comerciales y aranceles que había impuesto contra muchos productos australianos.

Los medios australianos informaron que Albanese planteó la situación de Yang durante su viaje a China. La familia del escritor confiaba en que, tras la liberación del otro periodista australiano, el caso del escritor se resolvería con el mismo desenlace y que pronto volvería a casa. Sin embargo, los analistas del país de Oceanía han señalado que Yang carga con haber trabajado anteriormente para el servicio de seguridad chino.

Justo antes de que Albanese viajara a Pekín, los hijos de Yang enviaron una carta al primer ministro para pedirle que luchara en China por su liberación.

«Le sometieron a más de 300 interrogatorios durante 18 meses, incluidos seis meses de intensa tortura. Le privaron del sueño, le ataron las muñecas y los tobillos y lo inmovilizaron a una silla durante varios días seguidos, hasta el punto de que después no puedo volver a caminar con normalidad. Todo ello para tratar de sacarle una confesión, pero no lo consiguieron», rezaba la misiva.

Pekín no ha revelado todavía los cargos exactos en su contra ni para qué país supuestamente ha estado espiando. «Yang no cometió ningún delito de espionaje. Está siendo castigado por el Gobierno chino por sus críticas a los abusos contra los derechos humanos en China y su defensa de valores universales como la democracia y el Estado de derecho», dijo el lunes al diario Sydney Morning Herald el profesor Feng Chongyi, quien supervisó un doctorado que hizo Yang en la Universidad Tecnológica de Sidney.