• Crimen Asesinan al candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio
  • Perfil Don Villa, el periodista anticorrupción que nunca tuvo miedo

El magnicidio del candidato presidencial Fernando Villavicencio no sólo supone un terremoto preelectoral de consecuencias impredecibles cuando faltan apenas nueve días para que se abran las urnas en Ecuador. El enorme impacto del atentado también fulmina la esperanza de quienes se resistían a aceptar la evidencia del poder enraizado del narcotráfico y del crimen organizado, que en pocos años ha empujado al país andino a codearse con la Colombia de otros tiempos y el México de la actualidad.

«No vamos a retroceder, el Estado está firme y la democracia no claudica ante la brutalidad de este asesinato. No le vamos a entregar las instituciones democráticas al crimen organizado aunque esté disfrazado de organizaciones políticas. Ante la pérdida de un demócrata y un luchador, las elecciones no se suspenden», aseguró el presidente Guillermo Lasso, quien a lo largo de la legislatura contó con el apoyo parlamentario de Villavicencio en varias votaciones trascendentales.

El mandatario declaró tres días de luto nacional y decretó el estado de excepción a nivel nacional durante 60 días. A lo largo de la jornada, los rumores sobre un «paso adelante» de militares y policías se extendieron en las redes sociales y en los medios.

La condena mundial del crimen transmitió la solidaridad internacional al Gobierno de Quito, pero también la inquietud ante el «ataque a la democracia» en el país americano. «Un descarado acto de violencia», precisó Washington, mientras Josep Borrell, Alto Representante de la Unión Europea, destacó el «ataque contra las instituciones».

Amenazas criminales

El candidato había denunciado en las horas previas las amenazas del jefe de la banda de Los Choneros, asociada al Cartel de Sinaloa. Villavicencio se sentía en el punto de mira de distintos poderes oscuros y por ello repetía una frase a sus amigos del gremio: «Si me van a matar, que me maten». El presidente Andrés Manuel López Obrador aseguró este jueves que no hay indicios de que el cartel mexicano esté detrás del atentado.

Los sicarios sorprendieron en la noche del miércoles al periodista, reconocido por ser el principal símbolo de la lucha contra la corrupción y contra las bandas organizadas, al acabar su mitin en un polideportivo del norte de Quito. Villavicencio, sin chaleco antibalas pero rodeado de policías y de personal de seguridad, se introdujo en su vehículo. En ese momento comenzaron a sonar los disparos, tres de ellos le alcanzaron en el cuerpo.

Según distintas versiones recogidas en el lugar de los hechos, los sicarios huyeron en moto, pero uno de ellos perdió el equilibrio y cayó al suelo, lo que aprovechó uno de los agentes para golpearle. La versión transmitida por la Fiscalía General apunta a que «el sospechoso resultó herido durante el cruce de balas con el personal de Seguridad, fue aprehendido y trasladado malherido hasta la Unidad de Flagrancia en Quito. Una ambulancia de los Bomberos confirmó su deceso».

En un vídeo grabado desde un edificio cercano se observa cómo el supuesto sicario es golpeado con violencia por un agente y por varias personas que llegan a continuación. En una de las imágenes el sujeto parece que recibe el impacto de un proyectil, pero la Fiscalía no ha confirmado las circunstancias. En total, dos muertos y una decena de heridos, entre ellos tres policías.

Hasta ahora son seis los detenidos en la investigación que encabezan los fiscales, según confirmó el comandante de la Policía. Dos de los capturados fueron reconocidos en el lugar de los hechos. Todos ellos son extranjeros y formarían parte de un comando al servicio de uno de los cárteles del narcotráfico, que los investigadores no detallaron. Entre el armamento decomisado en un vehículo se encontraron un fusil, una metralleta, cuatro pistolas y tres granadas. Una de estas fue lanzada en el lugar de los hechos, pero no llegó a explosionar.

«A mi esposo lo asesinaron porque fue el único que se enfrentó a las mafias políticas y a los narcotraficantes de este país», reaccionó Verónica Sarauz, mujer de Villavicencio.

«Maldito este Gobierno»

«Maldito este Gobierno, no hizo nada para protegerlo. Responsabilizamos al Gobierno, a Correa y a todas sus bandas delincuenciales», añadió Patricia, hermana de Villavicencio. Las investigaciones periodísticas del líder asesinado en torno a los sobornos de la constructora brasileña Odebrecht y las tramas corruptas de la revolución ciudadana condujeron a la sentencia de ocho años contra Rafael Correa, hoy huido de la Justicia ecuatoriana.

El ex presidente saltó a la palestra de las redes sociales al asegurar que su país se ha convertido en un «Estado fallido». La repetición de algunas de sus frases contra Villavicencio, su némesis política, provocó la ira de sus seguidores.

La desaparición del candidato de Gente Buena y la centrista Construye tritura de esta forma el escenario electoral dibujado hasta la fecha. Según distintas encuestas, la candidata revolucionaria, Luisa González, cuenta con un respaldo del tercio de los votantes, lo que obligaría a una segunda vuelta.

Detrás de la ultracorreísta aparecen, con muy poca diferencia entre ellos, el líder indígena Yaku Pérez, el centrista OttoSonnenholzner y Villavicencio. La legislación prevé que el candidato asesinado sea sustituido por otro dirigente de su movimiento, aunque en la papeleta de voto su rostro seguirá apareciendo, ya que no hay tiempo para cambiarlo.

«Nos quitaron nuestro presidente valiente, Ecuador no merece perderte así», subrayó emocionada la ambientalista Andrea González, candidata a vicepresidenta en la candidatura de Villavicencio.

«El tema de la mano dura debe ganar aún más importancia en el electorado», confirmó a EL MUNDO el politólogo John Polga-Hecimovich, sabedor de que el populista Jan Topic, antiguo mercenario en las guerras de Siria y Ucrania, ha perdido fuelle tras un inicio fulgurante. «Hoy más que nunca se reitera la necesidad de actuar con mano dura contra la criminalidad», apostó Topic tras el atentado.