A este escándalo no le falta de nada. Un político conservador republicano acusado de violación en Florida, presuntas grabaciones de tríos circulando, relaciones lésbicas de una ultraconservadora involucrada en campañas contra la comunidad LGBT y dos millones de dólares sobre la mesa a cambio de una dimisión que está pidiendo hasta el todopoderoso gobernador de Florida, Ron DeSantis.

Los protagonistas de esta escabrosa ecuación son Bridget y Christian Ziegler, una power couple, como definen en Estados Unidos a una fusión con semejante poder de influencia en las esferas políticas, que de estar en la cresta de la ola anda sumergida de lleno en la misión de salvaguardar su maltrecha reputación. Él fue elegido a principios de 2023 para presidir el partido Republicano en Florida y ella es la cofundadora de Moms for Liberty, un grupo conservador a favor de censurar libros y en contra de tratar temas como la homosexualidad y la diversidad racial en clase.

Se movían como peces en el agua en un Estado cada vez más republicano hasta que en noviembre Ziegler fue acusado de violación por una mujer a la que el matrimonio había invitado a hacer un trío. La idea era llevarlo a cabo el pasado 2 de octubre pero la mujer decidió cancelar a última hora, enviando un mensaje de texto en el que reconocía que su principal interés era ella y no él. El presidente de los republicanos no pareció encajar del todo bien el rechazo porque, según la demanda, la mujer se lo encontró en su apartamento, donde abusó de ella.

Ziegler lo ha negado por activa y por pasiva, asegurando que la relación fue consentida. Sin embargo, mensajes por Instagram al que tuvieron acceso detectives encargados del caso demuestran que el político preguntó en varias ocasiones qué podía hacer por su presunta víctima. «Tú lo has causado. No me puedes ayudar», replicó ella. Insistió en verla y hablar porque eran amigos desde hacía más de 20 años, pero la denunciante se negó, «aterrorizada» después de la violación.

Bridget Ziegler, miembro de la junta escolar del condado de Sarasota, ha tenido que defenderse de las acusaciones de hipocresía por esos tríos consentidos con mujeres pese a haber apoyado con vehemencia la ley Don’t Say Gay que tanta polvareda levantó y que impide a profesores hablar de orientación sexual o de género en aulas con niños de hasta nueve años en Florida. Su grupo de «Madres por la libertad» considera que un beso entre dos chicas es un acto «lascivo y traumático». Una de ellas llegó a proponer que se separase a los estudiantes homosexuales del resto, incluyendo a los jóvenes con autismo y síndrome de Down.

Los miembros de la junta escolar de Sarasota han pedido su dimisión pero ella se ha negado pese a votación de sus compañeros, un cese que solo podría ejecutar el gobernador DeSantis. Su marido, por su parte, está en una situación similar, presionado por miembros de su partido y por el propio DeSantis para que abandone la presidencia en el estado sureño. De momento, ha sido suspendido de empleo y sueldo.

Hay quien cree que Ziegler está buscando una salida a cambio de una compensación de dos millones de dólares, una estrategia que sus compañeros de formación consideran inviable. «Lo primero que hice fue reírme cuando lo escuché, y también lo hizo la persona que me contó lo que se estaba discutiendo o preguntando. Nunca habrá una compra», señaló Michael Thompson, líder del Comité Ejecutivo Republicano del condado de Lee, al The Washington Post.

Pese a haber elogiado el trabajo de Ziegler en un mitin el pasado 4 de noviembre y haber posado juntos para los fotógrafos, el presidente Donald Trump se ha mantenido en silencio en las últimas semanas mientras DeSantis, su principal rival político en la primarias, condenaba las acciones de Ziegler. Su dimisión y reemplazo podría ser un asunto clave de cara a las presidenciales del año que viene.